Centésima quinta historia

La madre de Josefina y la madre de Martha: Última parte, centésima quinta historia.

Mientras tanto, Josefina y la madre de Martha, hartas de esperar y llenas de curiosidad por la conversación que estaban teniendo; se acercaron poquito a poco a los servicios para espiarlas. Dese la lejanía, le observaban los demás, que estaban sentados en los asientos que estaban a los pies de las pistas de bolos.

-¡¿Por qué actúan de esa manera!?- Se decía Mao muy molesto con aquella actitud. -¡No ven que esa es una conversación privada, no deberían ponerse a espiar!-

-Pero Martha no ha dicho nada sobre eso, así que podemos.- Le replicó Alex-¡A ella no le importan que le espiemos!- Añadió su hermana gemela Sanae. Las dos tenían una sonrisa traviesa, porque deseaban también saber que le estaba diciendo Malan a la madre de Josefina. Se levantaron y se iban a dirigir hacia allí.

-¡Vosotras no vais a ninguna parte!- Pero Mao las detuvo.

-¡Pero, Jefa…!- Y estas protestaron, inflando los mofletes. Entonces, Mao soltó esto:

-¡Os compraré unos pastelitos más tarde si os quedáis quietas!- Aquellas palabras emocionaron a las gemelas, quienes decidieron cambiar de planes drásticamente.

-¡A la orden, capitana!- Eso le gritaron al unisonó, mientras ponía una pose militar, con los ojos llenos de ilusión y alegría.

Por otra parte, mientras los maridos de las dos familias esperaban tranquilamente que aquella charla terminase; los hermanos de Josefina no podrían aguantar la espera.

-¡Qué fastidio!- No dejaban de protestar.-¡¿Cuándo van a dejar de hablar!?- Estaban hartos de toda esta situación. -Quiero terminar con esta estúpida partida de bolos de una vez.- Y solo querían volver a casa. -¡¿Por qué tienen que hablar tanto!?-

Al llegar a la puerta de los servicios para las mujeres lo primero que hacen era intentar pegar la oreja e intentar oír algo.

-¡¿De qué estará hablando!?- Eso se preguntaba la madre de Malan, incapaz de entender ni una palabra.

-No hables, que no escucho.- Y le dijo Josefina eso, quién estaba en la misma situación que ella.

La gente que pasaba les miraba algo desconcertados, preguntándose qué estaban haciendo aquellas dos personas; pero esas dos ignoraban eso, esperando escuchar la conversación que tenían Malan y la madre de Josefina.

Entonces, ahí es cuando la puerta se abrió, para sorpresa de Josefina y la madre de Martha, quienes despejaron sus oídos rápidamente de ahí y se echaron para atrás, mientras veían como salían ellas dos.

-¡¿Qué hacen ustedes aquí!?- Eso les preguntó la madre de Josefina con mala leche, cuando ella y Martha se sorprendieron de que esas dos estaban ahí.

-Pues nada que te incumbe.- Le replicó desafiante la madre de Malan.

-¡¿No estabas espían…!?- Y ésta le gritó, siendo detenida por Martha, quién se dio cuenta de que iban a pelearse de nuevo.

-No pasa nada. Estamos en la puerta de los servicios y sería muy molesto para los demás si se pusieran pelear.- Eso les decía, mientras las empujaba para que fueran hacia la pista de bolas.

-¡No me iba a pelear con ella, de todos modos!- Protestó la madre de Malan.

-¡Eso ni te lo crees tú!- Y le replicó la de Josefina.

-¡Basta, volver a la pista que nos están esperando!- Soltó Martha mientras las empujaba con más fuerza que antes. Éstas decidieron irse hacia allí de una vez.

Pero antes de irse, la madre de Josefina giró la cabeza hacia su hija y le dijo esto: -Una cosa, Josefina…-

-¡¿Qué!?- Preguntó Josefina, poniéndose muy nerviosa. Estaba temblando con la respuesta que le iba a dar su madre.

-Da igual si perdemos o ganamos, pero estoy orgullosa de ti…- Y con una sonrisa y con el rostro rojo, le dijo esto, dejándola muy sorprendida. Eso no se lo esperaba Josefina, que se quedó en blanco.

-¡¿En serio!?- Preguntó en voz baja, sin saber cómo actuar. Pero esas palabras le llegaron a ella, poniéndola muy feliz de haberlas escuchado.

Miró a Martha, con una mirada que le preguntaba cómo había conseguido eso. Su amiga solo soltó una sonrisa, antes de decirle esto:

-No te preocupes, cuando terminé esta partida. Ella dirá lo que tú quieres.-

Y con esto salió corriendo hacia la pista de bolos y Josefina, tras estar varios segundos en blanco, la siguió. Y así se reanudó aquella partida que ya estaba en su recta final.

-¡Ahora te demostraré mi verdadero poder!- Empezó Noemí, quién tiró con  toda su fuerza, llena de confianza en sí misma y capaz de derrotar a Mao.

-¡Otra vez, otra vez!- Pero fue en vano, porque no llegó a tirar ni una, en los tres turnos.-¡¿Por qué, por qué!?- Y gritaba desesperadamente.

Su madre dulcemente le dijo: -No te preocupes, ya lo harás mejor.-

Esas palabras dejaron a todo el mundo sin habla, hasta al marido. Sus hijos se quedaron preguntaron si era ella de verdad, porque jamás la vieron decir eso de tal forma; salvo el padre quién mantenía una calmada sonrisa. Ella, sonrojada, les replicó que no la mirasen así, que no estaba actuando nada raro. Mao, Alex, Sanae y Josefa querían acercarse hacia Martha, para preguntarle qué le había hecho para hacerla decir esto; pero no encontraron el momento perfecto. La madre de Malan le habló sarcásticamente e hizo que volviera a ser la misma de siempre.

Y no solo fue eso, la madre de Josefina dijo muchas más palabras dulces con una actitud muy impropia de ella a sus demás hijos, quienes varias veces fallaron en intentar asimilar lo que estaba diciendo.

-¡¿Qué le ha ocurrido a mamá!?- Le susurró el hijo mayor a su padre, totalmente intrigado y preocupado por la actitud extraña que estaba teniendo su madre.

-No lo sé, pero debe haber sido muy bueno.- Le respondió su padre, con una voz alegre.

Martha, la madre y el padre de Josefina eran los únicos que daban los mayores resultados en el equipo de los Porfirio Madero, gracias a ellos podrían igualarse al equipo de los Malan.

En el equipo contrario, la que más le ponía empeño era la madre de Martha:

-¡Bien, toma esa!- Quién se ponía a provocar a madre de Josefina. -¡A ver si me superas!-

Y era la única con la cual la madre de Josefa actuaba como siempre: -Será como cortar mantequilla.-

Mao, quién tenía que aguantar las estupideces que le soltaba Noemí, y las gemelas Alex y Sanae no lo hacían perfecto, pero sus resultados eran muy decentes. Lo mismo le pasaba a Josefina, cuando intentaba tirar.

-Solo he conseguido tirar siete.- Eso se decía ella, algo molesta por no conseguir una gran puntuación y sorprender a su madre. No deseaba que ella le volviera a decir aquellas palabras. Pero lo que le dijo su madre fue algo totalmente distinto:

-No te preocupes.- Le gritó dulcemente y alegremente. -Lo estás haciendo bien, sigue así y podrás conseguirlo.-

Al oír esas palabras, Josefina se sintió muy feliz. Puso una gran sonrisa y totalmente animada, le soltó esto a su madre: -¡Eso haré, mamá!-

Aquella toda esa frustración y enfado que había sentido desde hace días desapareció totalmente y con una rapidez increíble, con solo escuchar aquellas palabras de ánimos procedentes de su madre. Podría ser un solo pequeño cambio en su actitud de siempre, o algo que solo duraría en este partido; pero sintió una enorme e increíble felicidad, que le llenó de deseos de sacar lo mejor de sí misma. Ya no era para demostrar a su madre que ella se esforzaba siempre, sino para que esa frase que le soltó no cayera en saco roto.

Y con esto, pasaron los minutos, las rondas, los turnos; miles de bolas atropellaban cruelmente y sin piedad a los pobres bolos, las palabras de ánimos y los gritos entre la madre de Josefina y la de Malan no dejaban de  producirse; hasta llegar a la última ronda, al final de esta lucha ridícula.

-Por fin ha llegado el momento.- Eso se dijo Josefina, antes de tragarse su saliva muy nerviosa.

 

A Josefa le había tocado la última ronda para cerrar el telón y tras tirar nueve bolos en el primer turno, solo le faltaba uno. Con tirarlo, podrían superar la puntuación del otro bando y ganar. Era la última oportunidad y ella obviamente estaba muy nerviosa.

Y mientras ella cogía la bola con mucho miedo, todo su equipo empezó a mandarle palabras de ánimos, pero no solo ellos.

-¡Seguro que lo consigues, lenta simpática!- Eso le decía calmadamente Martha, animándola a su manera. Aunque le molestó que usara ese mote de nuevo, esos ánimos también le daban fuerzas.

Pero la que le daba la mayor fuerza, era estas palabras: -¡Vamos, Josefina! ¡Tú puedes!-

Eran de su madre, quién a pesar de que deseaba derrotar a la mamá de Martha la estaba animando. Al ver que su madre la estaba apoyando claramente, en vez de darle un sermón o poner una actitud fría, le llenó de valentía y coraje para realizar aquel último movimiento.

-¡Por favor, por favor, que me salga bien!- Eso se decía en voz baja, mientras cerraba los ojos y con la bola en las manos rezaba a la virgencita de Guadalupe.

Y al abrir los ojos, lanzó la bola con mucha fuerza y cayó en la línea central de la pista, yendo veloz hacia su destino. Al principio, no se desvió ni un poquito de dónde se dirigía y no sería un problema, sino fuera porque el último bolo estaba en la parte derecha. Josefina, al observar esto, infló las mejillas del nerviosismo, mientras juntaban sus puños y rezaba para que se desviara hacia aquel lado.

Todos estaban callados, mirando fijamente cómo sería el desenlace. Cada segundo que pasaba empezaba a verse eterno, llegando a ser realmente bastante exagerado cómo actuaban, si fuera visto por ahí ajeno a aquella partida de bolos.

Y cerca de la meta, la bola empezó a desviarse, hacia al lugar dónde Josefina quería. Tenía el corazón a cien, sintiéndose que estaba caminado por una cuerda floja; la victoria estaba al lado y cualquier cosa acabaría arruinándolo.

Así, poquito a poco, la bola se acercaba a su presa, dispuesta a arrollarlo.

Y cuando llegó, solo lo rozó y pasó del único bolo que había sobrevivido en la pista.

Josefina casi iba a soltar un grito de frustración, pero entonces vio cómo el bolo empezó a moverse como si intentaba recuperarse de la pérdida de equilibrio. Temblando y bailando, luchaba para no caer y quedarse quieto.

Ella esperó impacientemente, durante segundos que parecían minutos, con el deseo de que se cayera. No solo rezó a la virgencita de Guadalupe, sino también a Jesucristo y a Dios Padre.

Y finalmente, el bolo se quedó quieto y en pie. No cayó, ante la desilusión de Josefina, quién cayó de piernas contra el suelo, con el corazón a cien y a punto de llorar. Los demás no esperaron a mostrar su reacción antes el fin de este fastidioso encuentro.

-¡Hemos ganado! ¡Hemos ganado! ¡Toma eso, Mao!- Noemí eufórica, intento reflejar la victoria de su equipo a él.

-Ah, bien por vosotros.- Pero Mao, aliviado de que esta tontería había terminado, soltó eso como si no hubiera sido una cosa nada importante.

-¡¿Por qué actúas cómo si no te importara!?- Y eso le molestó muchísimo a Noemí.

-¡Ah, que rabia!- Mientras la madre de Malan, estaba teniendo una especie de rabieta. -¡Hemos perdido!-

-¡No te preocupes, ha sido solo un juego! ¡No tienes que ponerte así!- Martha, avergonzada de que su madre se comportará como una niña pequeña, se acercó a ella y la intentó tranquilizar.

-¡Hija mía, te recuerdo que ella tiene un mal perder!- Y su padre se unió, soltando un comentario que molestó muchísimo a su madre, que se puso a protestar.

Interrumpiendo eso, el padre de Josefina se acercó a ellos para darles la mano y decirles esto: -¡Pues bueno, ha sido una buena partida! ¡Ha sido muy divertida!-

-¡Por fin se ha terminado todo!- Eso soltaban llenos de alegría, Miguel, Pablo y Juan José, quienes celebraron esto por todo lo alto.

-¡Al final perdimos!- Eso decían las gemelas al unísono. -¡Qué se le va a hacer!- Estaban algo molestas por haber perdido, pero se resignaron y decidieron pedir bebidas, ya que estaban muertas de sed.

Y a los pies de la pista, dónde estaba Josefina, se acercó su madre y le acarició la cabeza dulcemente: -¡Vamos, levántate! ¡Habrás perdido, pero no pasa nada!-

-¡¿Crees que no me he esforzado lo suficiente!?- Eso le preguntó cabizbaja Josefina.

-Sí, creo que lo has hecho.- Y ella amablemente le dijo esto.

-¿¡De verdad!?- Josefa intentó confiarlo, mientras su madre le ayudaba a levantarse del suelo.

-Sí.- Le respondió. Luego, se quedó en silencio durante unos segundos, preparándose para decirle algo importante a su hija: -Y bueno, también en lo del examen.- Le daba mucha vergüenza. -No me di cuenta de todos tus esfuerzos.- Y su orgullo le impedía decirlo. -Pues eso, perdón.- Pero al final pudo decírselo. -Lo siento, de verdad.-

-¿¡En serio!?- Josefina, totalmente feliz de escuchar eso, gritó esto.

-Sí.- Le respondió afirmativamente y Josefina le dio un gran abrazo, totalmente feliz, tanto que hasta empezó a llorar, algo que la madre le parecía muy exagerado.

Mientras su madre le pedía desesperadamente que le soltara, porque la estaba ahogando; y con Josefina gritándole sin parar que le quería mucho, todo el mundo las estaban observando. Los demás hijos estaban alucinando, incapaces de creer como su madre le pedía perdón a alguien.

-¡¿Qué hacen todos ustedes mirándome!?- La madre, muerta de vergüenza; les gritó a todos.-¡No ven que están molestando!-

La gente ajena al grupo decidió seguir con lo suyo y Josefina la soltó, y buscó con la mirada a Martha. Cuando la vio, le dijo muchas gracias y ella le replicó con una sonrisa. Realmente, estaba muy feliz de tener a una amiga como Malan y deseaba darle un gran abrazo y un beso en la mejilla para dejarle lo agradecida que estaba, pero ya le daba mucha vergüenza.

Por su parte, la africana suspiro de alivio, al ver que las cosas habían terminado bien. Estaba muy feliz por Josefina, porque su esfuerzo había sido reconocido; y se sentía muy bien por haberla ayudado. Después de todo, para Josefa ella es su mejor amiga y ayudar era una de las cosas que hacían las mejores amigas.

Mientras tanto, la madre de Malan aprovechaba para meterse con la de Josefina: -Ah, perdón por molestarte con la mirada.- Añadiendo algún comentario sarcástico.

-Da igual, después de todo, recuerdas nuestra promesa, ¿no?- Y la madre de Josefina le dijo eso con una sonrisa triunfante en el rostro.

La madre de Martha con un tono desagradable, lo recordó claramente: -Ah, invitar a todo tu familia a comer en algún lugar.-

Aún era incapaz de aceptar la derrota, pero tenía que hacerse a la idea de que ella y su marido tenían que pagar la cuenta de una familia entera, más los amigos de Martha que usó. Pero se juró a sí misma que la próxima vez ella iba a ser la ganadora y demostrar que era la mejor de las dos.

-Pues a que esperamos…- Eso gritó con gran felicidad la madre de Josefina, antes de levantar la mano y añadir esto: -¡Vamos a comer!-

Y todo el mundo levantó la mano, incluido las gemelas que cogieron bebidas sin pagar; deseosos de tomar una buena y deliciosa cena.

FIN

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Centésima quinta historia

La madre de Josefina y la madre de Martha: Octava parte, centésima quinta historia.

En la pista de la bolera había pasado casi más de media hora desde que Malan les dijo a todo el mundo que iba a consolar a Josefina. Desde aquel entonces, por recomendación suya, todo el mundo siguió jugando. Noemí seriamente intentaba sacar mejor puntuación que Mao, aunque siempre era en vano, ya que apenas podría alcanzar a tirar tres y éste le superaba, a pesar de que no se lo tomaba en serio. Con deportividad sana y seria, los padres de las familias hacían su mejor esfuerzo, mientras Alex y Sanae se divertían como nunca. Los hermanos de Josefina ni siquiera sabían cómo jugar, le tuvieron que explicar las reglas varias veces porque esos no se enteraban de nada. Las que se tomaban con demasiada seriedad eran las mamás, que no tenía nada más en mente que derrotar a la otra sea como sea. No paraban de jactarse de que iban a ganar y cada dos por tres terminaban dándose gritos. Incluso decidieron ocupar el puesto que dejaron Josefa y Martha para seguir con su absurda competición. Aunque se sentían muy mal las dos por haber ocupado el lugar de sus hijas, cada una miraba siempre a los servicios por si ellas aparecían.

-Estoy preocupada, ¿por qué están tardando tanto?- Eso decía la madre de Josefina tras terminar su turno, después de hacer strike. Totalmente llena de remordimientos, deseaba que Martha trajera a su hija pronto, con su típica alegría y con aquella bronca que tuvieron en el más profundo de los olvidos.

-Es verdad…- Añadió la de Martha. -Están tardando demasiado…- Ella también se estaba preocupando por su hija, y un poco por Josefina.

Y no solo ellas, quienes se pusieron rápidamente a pelearse; los padres también estaban preocupados, al igual que Mao y las gemelas.

-¡¿Por qué no vamos a los servicios de una vez!?- Eso decían Alex y Sanae al unísono. -¡Tanta espera nos molesta!-

-¡Dejen de protestar!- Les replicó Mao.- ¡Ellas ya saldrán cuando les dará la gana!- A pesar de esas palabras, que intentaba ocultar su nerviosismo; también se estaba cansando de tanto esperar y quería ir a ayudar a Martha a animarla. Pero éste confiaba en ella y por eso controlaba aquellos impulsos. Después de todo, la que mejor podría comprender a Josefina, era la africana.

Sobre el partido de bolos en particular, los dos equipos estaban muy igualados, aunque el de los Malan iba a la cabeza, gracias sobre todo a lo malos que son los hermanos de Josefina.

Y al final, las dos que faltaban salieron del cuarto del baño y se acercaron a ellos. Mao y las gemelas, quienes las saludaron; fueron los primeros que se dieron cuenta. Y luego todo los demás. Josefina estaba detrás de Martha, como si se estuviera escondiendo de alguien. Más bien, ocultaba su rostro, para no enseñarles a los demás cuánto había llorado, sobre todo a su madre, quien añadió:

-¡Por fin, has vuelto!- Le decía eso a Josefina, en forma de pequeña regañina. -¡No deberías haber pasado tanto en el baño…!- Pero Martha la calló al momento.

Aunque se había aliviado de ver que su hija ya salió de los servicios, siguió haciéndose la dura, porque su orgullo le obligaba a actuar así. Martha, al ver que iba a meter la pata de nuevo con sus comentarios, se acercó y le tapo la boca, delante de todo el mundo. Tanto Josefina como sus demás hermanos se quedaron de piedras.

-¡Bien hecho, hija mía!- Eso gritó su madre de alegría, a ver cómo su hija calló a aquella mujer. Lo que no se esperaba es que también se lo iba a decir a ella:

-Mamá, lo siento mucho pero deberías quedarte en silencio durante un rato. Por favor, hazlo por mí.- Lo dijo de la forma más dulce posible para no herir sus sentimientos, pero aún así su madre quedó en shock al momento.

Después de eso, le quitó la mano de la boca y la madre de Josefina reaccionó así:

-¡¿Pero, qué haces!?- Le gritó de muy mal humor.

-Eso no importa.- Le respondió esto, antes de decir esto con una gran seriedad: -Ahora solo quiero hablarte de algo muy importante.-

-¡¿Y qué es!?- Le preguntó molesta.

-Qué le pidas perdón a tu hija.- Cada uno de los hijos gritaron de la sorpresa, al ver que alguien se atrevía a decirle algo así a su aterradora madre.

-¡¿Y por qué crees que haría eso!?- Esto era un desafío para la madre de Josefa.- ¡No he hecho nada malo!- Y su orgullo respondió ante Martha, quién rápidamente le cogió de la mano y se intentaba llevar a algún sitio.

-¡¿Adónde me llevas!?- Le preguntaba a Malan, mientras se dejaba llevar por ella.

-Te lo explicaré mejor en los servicios.- Le respondió, y además añadió con plena confianza esto: -Definitivamente te convenceré.-

Tras entrar en los servicios, la primera que abrió la boca fue la madre de Josefina:

-Y bueno, ¿qué argumento vas a usar para convencerme?- Eso le dijo, totalmente desafiante y Martha con tranquilidad inició su argumentación:

-Josefina saco un cinco y medio más o menos, ¿no?-

-Sí, esa era su nota.- Le respondió la madre.

-¿Y cuántas personas de su clase crees que aprobaron? Solo siete de veinticinco personas. Si calculamos su porcentaje, el resultado sería veintiocho por ciento. Es decir, más de la mitad no pudo aprobarlo.-

Iba a añadir más cosas, pero la madre la interrumpió, quién se puso a reír levemente para luego decir:

-¿Intentas decir que porque la mayoría no haya aprobado y que Josefina sí, es suficiente motivo para arrepentirme y pedirle perdón a ella? Si es así, creo que vas por mal camino.-

-Eso no es todo, solo me has interrumpido.-Le replicó Malan. -Continuando con mi argumentación, Josefina no está en una de las clases más brillantes de su instituto, pero es uno de los más decentes. Normalmente, menos de la mitad habría aprobado, pero este examen fue distinto por dos motivos.-

-¡¿Y cuáles son!?- Preguntó provocadoramente la madre.

-El tema que realizaron fue uno excepcionalmente complicado para el nivel de la clase. Era álgebra. Tengo que decir que para mí eran fáciles, ya que después de todo ya los estudié hace poco y los comprendo muy bien, pero para Josefina y sus compañeros es todo un mundo nuevo.-

-De eso trata la educación, enseñarles conocimientos y habilidades nuevas a los niños y hacer que lo comprendan.- Añadió solemnemente la madre.

-Y de eso se trata el segundo motivo, más o menos. Para hacer que lo comprendan, necesitas que alguien te lo muestre y te lo expliqué. En definitiva, hablamos del profesor. ¿Y si éste no fuera capaz de hacer ese cometido? Pues pasarían cosas como estas, que solo siete alumnos pudieron entender sus explicaciones. No les pudo transmitir ese tema.-

-¿Entonces, estás llamando negligente a un adulto? Tienes agallas, pequeñaja.- Con grata sorpresa, se sorprendía un poco de que fuera capaz de criticar de una forma tan intelectual sobre un profesor.

-No es eso, solo digo que no hizo un buen trabajo explicándoles los primeros pasos para entrar al álgebra.- Le replicó Malan.

-El álgebra es una pesadilla que muchos estudiantes han tenido que sufrir. Yo los odié con toda mi alma. Por eso, tal vez el profesor hizo bien su trabajo pero nadie le hizo caso. Los alumnos pudieron ser negligentes y no lo contrario.-

Aunque se sentía molesta por el hecho de que estuviera hablando de un tema sobre educación con una niña, por otra parte se alegraba poder mantener una discusión con alguien de un nivel mayor de lo esperado, le recordaba los viejos tiempos en dónde se ponía a pelearse con sus amigos de la universidad sobre todo tipo de cosas interesantes. Tenía mucha envidia de la madre de Martha por tener una niña tan inteligente. Ella por su parte, siguió contra argumentando:

-Tal vez, la negligencia del profesor provocó el de los estudiantes. Pero tengo que decir que pocos pueden interesarse por el álgebra y muchos han pasado de ella. Pero nos estamos desviando del punto principal. -Martha quería charlar mucho sobre ese tema, pero ella tenía un objetivo que cumplir.- Después de todo, Josefina si se esforzó de verdad y consiguió aprobar, a pesar del tema en cuestión, que apenas lo entendía y de la incapacidad de su profesor para explicárselo.-

Luego, añadió esto con un tono de voz fuerte y clara, mientras apuntaba su dedo hacia la madre de Josefina; con una cara totalmente seria:

-Ella definitivamente consiguió un resultado satisfactorio, a pesar de todas las adversidades.-

La mamá de Josefina se quedó en blanco por varios segundos. Sabía que ella tenía razón, que se había pasado; pero su orgullo, como una mujer inteligente que siempre sacaba la máxima nota, cuya motivación siempre fue ser la mejor de todos y alcanzar la cima; no le permitía aceptar su error y habló por ella:

-Entonces, ¿¡por qué no sacó un seis o un siete, o mejor un nuevo o un diez!? ¡¿Por qué tuvo que sacar un cinco y medio!? ¡Si se esforzó, entonces debería haber sacado más!-

Solo deseaba que uno de sus hijos, fueran tan inteligentes como ella y que la superaren. Josefina iba por el buen camino, pero ese cinco y medio era como una verdadera humillación para su deseo. No podría pensar en nada más que eso hasta que Martha le gritó, fuera de sí:

-¡¿Tanto te molesta eso, que haya sacado esa nota!? Es solo una puntuación, un mísero número. Tener que basar el esfuerzo de Josefina en algo así es muy injusto para ella.-

Eso le volvió a la realidad a la madre de Josefina, quién se quedó mirando la cara de enfado de Malan. Aquella niña estaba enfadada porque la madre de su amiga no se daba cuenta del error que estaba cometiendo, de que el esfuerzo o incluso la inteligencia de una persona no se deben guiar solo por las notas que ponen en un examen y porque conoció en primera persona como Josefina hizo todo lo que pudo. Pisotearlo así, era suficiente para enfadarla y decidió explicarle a su madre lo que vio:

-Yo sí la vi esforzándose. He pasado tardes e incluso noches ayudándola, ya sea explicándole lo que tenía que hacer en los ejercicios o las cosas que entraban en un examen. Tarda horas en comprenderlos, le cuesta enterarse de las cosas; y muchas veces casi se rinde o se harta de ellos. Pero aguanta, todo lo que puede. Si fuera por ella, no estudiaría nada, haría lo mismo que sus hermanos; pero lo está haciendo por ti, quiere estudiar y llegar a la universidad para hacer que se cumple tu deseo de que algunos de tus hijos llegué a dónde has estado tú.-

La madre se quedó sin habla, incapaz de creer lo que había oído. Era la primera vez en su vida que le decían que uno de sus hijos realmente hacía algo por ella, con el solo propósito de que se sintiera orgullosa.

Malan, siguió hablando: -Por eso, hizo todo lo que pudo en este examen pero fue mucho más difícil de lo que ella creía y sintió que había suspendido, tenía miedo de que su madre estuviera enfadada por ella por ese fracaso. Pero aprobó, aunque fuera un triste cinco y medio, pero lo hizo. Estaba feliz de haberlo conseguido.-

Ella lo recordaba, lo feliz que estaba su hija antes de que viera la nota de su examen. Se sintió incómoda ante el hecho de que le hubiera quitado su sonrisa de la cara por unos simples números.

Se miró en el espejo y observaba una cara arrepentida en su rostro, luego se lo lavó con agua.

-¡¿De verdad, Josefina…!?- Le costó unos segundos en asimilarlo. -¡No debería estudiar por mí, sino por ella…!- Y lo peor de todo es que ella, siendo su propia madre, no se dio cuenta. Tras quedarse callada durante unos minutos, reflexionando mucho sobre su papel como madre de cinco hijos; empezó a hablar sin razón aparentemente. Tal vez, estaba sacando sus pensamientos a flote, para que alguien más lo escuchara:

-Realmente, estuve bastante deprimida por un tiempo por el hecho de que todos mis hijos fueran un desastre. Me daba vergüenza hablar de ellos a mis amigas y a mis familiares, cuyos hijos e incluso nietos tenían una vida exitosa. ¿Y los míos? El mayor no trabaja ni estudia, Noemí se dedica a vivir en una juerga continua, los otros dos solo se dedican a comer como cerdos y a jugar a videojuegos. Josefina fue la única que me dio esperanzas, cuando vi que ella empezó a traer las notas más altas que ninguno de sus hermanos pudo traer a la casa.- Lanzó un suspiro de molestia, antes de continuar:

-Me alegre muchísimo, porque sentí que por fin estaba cumpliendo bien mi rol como madre. Después del nacimiento de Pablo, al ver los resultados pésimos que estaba dando mí educación permisiva y tolerante con mis hijos decidí ser mucho más estricta. Pero tampoco dio resultados, hasta en aquel momento. O eso creía.-

Hubo una pausa más para mirar a Martha y decirle esto: -Creo que ella empezó a mejorar sus notas después de que te conoció, fuiste tú la que consiguió algo que ni pude hacer yo.-

Malan, bastante colorada por el inesperado elogio, añadió esto:

-Lo que ella necesitaba solo era alguien que le apoyará. Antes de conocerme, intentaba hacerlos pero siempre se rendía o se cansada a los cincos minutos. Yo decidí darle solo un empujón para que se esforzara.-

La madre de Josefina empezó a reír y luego añadió con una sonrisa y acariciándole la cabeza a Martha:

-Eres una verdadero niña genio, eres menor que Josefina y sabes hablar como toda una adulta. Entiendo lo orgullosa que está tu madre de ti.- Y en su mente maldecía el hecho de que ella tuviera una niña tan increíble como la suya. Para ella era toda una maldita suertuda.

-Lo siento mucho, pero no soy un genio ni nada parecido. Solo una chica que está entrando en la pubertad y que ha madurado demasiado aprisa.- Añadió Malan, diciendo algo que hace meses sería impropio de ella. Se sorprendió de haber dicho una cosa muy humilde.

-Aún así, es sorprendente. Debes de tener once o doce años y te comportas como un adulto. Eres mucho más madura que muchos adultos que conozco.- Pero eso solo provocó mayor admiración por parte de la madre de Josefina.

Luego, hubo un minuto más de silencio entre ellas hasta que la madre abrió la boca de nuevo: -Por cierto, ¿Josefina me odia?-

Estaba muy preocupada por el hecho de que su actitud estricta y fría hacia su hija pequeña haya empeorado su relación.

-No, ella jamás te podría odiar.- Pero Martha con una sonrisa le confirmó que eso no era verdad.

-Entonces, está bien…- Y ella sonrió, incapaz de creer que dijera esto: -Tú ganas, me has convencido totalmente. Por esta vez le voy a pedir perdón.-

Martha Malan consiguió un milagro, algo que ningún miembro de la familia Porfirio Madero podría llegar a imaginar: Convencer a su testaruda madre de pedir disculpa a uno de sus hijos.

FIN DE LA OCTAVA PARTE

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Centésima quinta historia

La madre de Josefina y la madre de Martha: Séptima parte, centésima quinta historia

Malan entró en los servicios de mujeres de la bolera y no veía a nadie, pero sabía que alguien estaba en el lugar, detrás de unas de las puertas de los váteres; porque escuchaba sus sollozos y sus lamentos. Supo enseguida que era Josefina.

Se acercó a la puerta y pegó:

-¿Quién es?- Eso preguntó muy desanimada Josefa.

-Soy yo.- Por la voz, supo ella que era Martha Malan.

-Lo siento, pero quiero estar sola.- Y eso le dijo a continuación. Malan, quién había previsto esto, no tenía ninguna intención de cumplir su deseo.

-Lo siento yo también, pero no quiero dejarte sola.- Y se lo dejó muy claro. -Y no importa cuánto me lo pidas, insistiré en quedarme. Puedo ser tan perseverante como tú.-

-¡¿Qué, qué es eso!?- Eso preguntó Josefina, al escuchar por primera vez en su vida la palabra “perseverante”. Malan se alegró de haber utilizado esa palabra, porque podría ayudarle a enfriar un poco la conversación con su amiga.

-Que puedo ser tan cabezona como tú.- Y eso le dijo con un tono burlón.

-Eso me molesta. Me recuerda a mi madre…- Protestó Josefa. Luego, se quedó pensando y se dio cuenta de algo: -Espera, pero si todo el mundo me lo dice.-

Y luego la conversación entre Josefina y Malan ante el hecho de que fuera cabezona, le preguntaba sin parar si era verdad eso, porque ella decía que jamás se dio cuenta de eso. Martha no le dejaba de dar ejemplos y Josefa no dejaba de sorprenderse por sus propias acciones y pidiéndole perdón a todo el mundo. Cuando se cansaron de hablar sobre ese tema, la africana decidió soltar esto:

-Si quieres, puedes contarme todo tus problemas con tu madre.-

-Bueno…- Josefina se quedó pensando por unos segundos, pero al final aceptó: -Vale.-

Eso era señal de que el humor de Josefina había mejorado un poco y de que Martha estaba en el buen camino para consolar a su amiga.

Y entonces la puerta del váter se abrió, en señal de que Josefina quería que entrara con ella ahí dentro. A pesar de que a Malan no le parecía muy cómodo hablar en ese lugar, ya que era algo pequeño para dos personas; entró y se quedó de pie, mientras miraba a su amiga sentaba en el váter con la tapa puesta.

Y ahí es cuando Josefina le empezó a hablar sobre su madre. Primero, de lo aterradora que era con ella y sus hermanos, o incluso con sus primos. Si tú le desobedecías una orden, te castigaba, ya sea sin cenar o hasta llegar al caso de que no te dejaba salir a la calle durante todo el verano; si le decía la contrario podría llegar al punto de darte un guantazo. Habló también de su conocido e inconfundible mal genio, que cuando se enfadaba casi todo el mundo se quitaba del medio, hasta el más mayor de todos los hermanos salía corriendo de ella, y eso que ya era todo un adulto.

Pero lo que más le molestaba Josefina de su madre es que parecía que era incapaz de ver las cosas buenas de sus hijos. Rara vez dijo un comentario agradable sobre Josefa ni a algunos de sus otros hermanos, casi siempre les estaba criticando. Y cuando hacían algo bueno, ni les felicitó, solo les decían que eso no era suficiente. Cuando estaban tristes, su padre era siempre el que les consolaban y les daba ánimos mientras que ella lo más capaz que era darles algún sermón. Siempre era dura y difícil de tratar.

Malan le preguntó por las cosas buenas de su madre y aunque ella dijo al principio que no tenía una, debido a que aún estaba influida por aquel enfado contra su mamá; se puso a pensar y los encontró. Recordándolo poquito a poco, vio cosas buenas de ella como que hacía comida deliciosa y que muchas veces venía a ayudarla cuando estaba en problemas entre quejas. Cuando estaba alegre, era todo lo contrario a la imagen que tenían de ella; siempre les contaban anécdotas divertidas de su infancia en México o cuando estaba en la universidad en los Estados Unidos. Además de que era muy talentosa como ama de casa, sabía mucho de tecnología y llegó a trabajar sobre ordenadores. Y era muy inteligente, siempre leía libros en sus ratos libres sobre cosas muy complicadas y que tenían que ver con la mente. Por algo, se sacó la carrera de psicología muy rápidamente y llegó a meterse en multitud de cursos de todo tipo sobre informática.

Y Josefina decía todo eso con mucho orgullo y llena de respeto por su madre. No dejaba de decirle a Malan de que era muy inteligente.

-Realmente, se nota que le respetas muchísimo.- Eso le dijo Martha, después de escucharla pacientemente.
-Espera, yo…- Se quedó algo avergonzada y, tras unos segundos se silencio, tuvo que dar una respuesta sincera: -Bueno, algo así.-

Le daba mucha vergüenza admitir que sentía orgullo y respeto a su madre, a pesar de lo enfadada que estaba con ella. Luego, se quedó callada por varios segundos, muy pensativa. Martha esperó hasta que dijera algo:
-Tal vez,…- Decía esto con algo de tristeza.-Es tan mala con nosotros, porque no somos tan inteligentes como ella.-

-¿Qué quieres decir con eso?- Le preguntó Malan, bastante interesada en lo que estaba pensando su amiga. Ella rápidamente se puso a explicarlo:

-Bueno, casi ninguno de mis hermanos ha podido llegar a la universidad ni siquiera han terminado el instituto. Ninguno. Tampoco nadie trabaja. Mi hermano mayor está siempre de pingoneo, igual que Noemí; y los otros dos se pasan todo el día jugando a videojuegos.-

Dio un pequeño suspiro y siguió hablando:

-Siempre les dice que sean algo en la vida e intenten a tener una gran meta, pero ninguno lo hace.- Se detuvo por un segundo. -Por eso, yo…- Le dio algo de corte decirlo, pero pudo: -Me gustaría hacer que se ponga contenta y orgullosa conmigo. Quiere que alguien llegué a la universidad y sea igual de buena que ella y quiero cumplir su sueño…-

-Entiendo, debe ser frustrante para ella que sus hijos no aspiraron como ella hizo.- Añadió Martha.

-Bueno, sí.- Decía Josefina, muy molesta.-Pero tampoco debería ser así conmigo, yo me esfuerzo todo lo que puedo. Sé que soy tonta y el estudio no es lo mío, pero lo intento.-

-¡Debería ser más amable conmigo, por lo menos!- Gritó llena de furia para luego decirle esto a Malan: -¡Me das envidia, tu madre es genial, siempre te dice cosas bonitas y no es nada fría contigo!-

-¡¿Eso crees!?- Le replicó Martha con una sonrisa y Josefina lo afirmó:

-De verdad.-

Y Malan soltó unas risitas, haciendo preguntar a Josefina si eso le parecía tan gracioso. Luego, ella habló:

-¡Qué curioso…! Yo también me he quejado mucho de mi madre e incluso he tenido algunas peleas con ellas.-

-¡¿En serio!?- Soltó Josefa muy sorprendida.

-Por ejemplo, siempre es muy sobre protectora conmigo. Hubo una época en dónde siempre me vigilaba y nunca podría dejarme sola. Me fastidiaba eso porque no me dejaba conocer la naturaleza, ella siempre me alejaba de todo lo salvaje. Eso fue mientras vivíamos en Sudáfrica, en mitad de la sabana.-

Josefa se quedó de piedra al escuchar esas palabras, imaginándose unas escenas totalmente irrealistas sobre Malan, viéndola como una especie de niña salvaje en taparrabos que iba de liana en liana y montaba sobre leones y jirafas.

-¡¿Espera, espera, viviste en la sabana!?- Al volver a la realidad, le preguntaba incrédula: -¿¡Con leones y hienas y todas esas cosas!?-

-Pues sí, estábamos en el Parque Nacional Kruger y mi padre estaba un estudio sobre animales que duró por lo menos siete años.-

Josefina apenas entendió la explicación, pero supo que su amiga Martha Malan vivió en un lugar que daba mucho miedo. Es decir, por nada del mundo ella estaría en África, rodeada de animales, hombres salvajes, mucha pobreza y horribles enfermedades.

-¡Oh, Dios! Entiendo a tu mamá.- Añadió esto, poniendo cara de horror y imaginando los sustos que tendría ella si fuera madre. Martha siguió hablando:

-Bueno, pero es que exageraba a mi parecer. – Para Josefa, no lo era.- Por ejemplo, con cada caída que me hacía, ella se acercaba a mí y me llevaba a la caravana, llamaba a mi padre y al médico más cercano y yo le decían sin parar que no me había pasado nada, que ni siquiera tenía un rasguño.-

Josefina se preguntaba si eso era grave o no, mientras Malan añadió esto:

-Y fue ella la que deseaba marcharnos de allí, eso me molestaba mucho porque me gustaba aquel lugar. No quería ir a América, estaba muy lejos.-

Malan recordaba con cierta nostalgia los berrinches que tuvo con su madre por el hecho drástico de cambiar de continente, algo que se negó desde el principio hasta al final. Y luego, en el resto de aquella época de transición en dónde su vida cambió de forma radical.

-Bueno, la verdad es que tenía mucho miedo. Era algo totalmente ajeno a mí. A mi padre le preocupaba que me costase mucho acostumbrarme a Shelijonia, pero le sorprendió mi nivel de adaptación. La que le costó fue a mi madre, que aún era sobre protectora.-

Lo recordaba como si fuera ayer, dándose cuenta de lo irónico que fue la situación. Su madre no dejaba de quejarse sobre el tráfico y el ruido, apenas se atrevía a salir por la calle por el miedo a la delincuencia o ser pillada por algún conductor loco. Al final, la que más deseaba ir a la cuidad y alejarse de la sabana, fue la que más le costó acostumbrarse vivir ahí.

Luego, al darse cuenta de que se estaba saliendo un poco del tema, añadió todo esto:

-Aparte de lo sobre protectora que es muy celosa, siempre le da envidia que pase siempre con mis amigas. También puede llegar a decir verdaderas burradas y hace quedar mal a mi padre y a mí. Cuando está irritada, parece una niña pequeña. Y la lista es larga. Todo el mundo tiene problemas con sus padres.-

Josefina dio un suspiro como señal de que ella tenía razón, todos los papás causan problemas y empezó a recordar cómo la madre de Martha llegaba a ser muy pesada con su hija y las primeras veces le miraba con una cara que daba miedo. Aún así, dijo esto, tras compararla con la suya:

-Pero me sigue pareciendo mejor que la mía.-

Martha Malan puso su mano sobre su hombro y le dijo con sinceridad:

-En verdad, yo creo que ella se está haciendo la dura y se da cuenta de que algunas veces te hace muchísimo daño, aunque su orgullo no la deja decir perdón. Debe ser de esas madres estrictas que no le gustan parecer débiles antes sus hijos.-

-¡¿Qué intentas decir!?- Eso preguntó Josefina, que no entendía para nada lo que estaba diciendo su amiga. Ésta, decidió simplificar su mensaje con estas palabras:

-Si se da cuenta de su error, o si se ha dado cuenta; te perdonará.-

-¿¡Mi madre, perdonar a algo!?- Casi se iba a morir de la risa. -Eso sería como un milagro de la virgen de Guadalupe.- Ni ella ni sus hermanos jamás la vieron pidiéndoles perdón, les parecía algo imposible de ver en este mundo.

-Ella te quiere y para mal o para bien esa es su forma de demostrarlo. Pero no se da cuenta de que hay momentos en dónde solo debe escuchar y comprender a sus hijos.- Calló por un segundo, para añadir: -Bueno, la mía tampoco es el mejor ejemplo.-

Josefina infló las mejillas y molesta le replicó que si así le daba su amor su mamá, pues no lo quería. Martha le soltó esto, entonces:

-De todos modos, tú trabajaste duro y tu madre debe darse cuenta y pedirte perdón.-

Josefina se quedó pensando. Sabía que su amiga tenía razón, pero había un problema y muy bien gordo:

-¡¿Y cómo lo hago!?- Le preguntó desesperadamente.-¿¡Cómo hago que se dé cuenta!?-

Y Malan, sonriendo llena de confianza, le soltó esto a su amiga Josefina:
-Déjamelo a mí.-

Y Josefina sonrió, como si hubiera visto una nueva esperanza. Luego, llena de alegría y con ganas de llorar, abrazó a Martha fuertemente:

-¡Gracias, muchas gracias! ¡Por algo, eres mi mejor amiga!-

-Bueno,…- Añadió Malan, avergonzada. -No es para tanto, solo quiero ayudarte, nada más.- Antes de reírse nerviosamente.

FIN DE LA SÉPTIMA PARTE

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Centésima quinta historia

La madre de Josefina y la madre de Martha: Sexta parte, centésima quinta historia.

-Pues parece que nuestra expectativas estaban muy altas, ¿verdad, Sanae?- Eso le decía una gemela a la otra, muy disgustada.

-Eso parece.- Y esto le respondía ella, con cara de póker en su cara.

Las dos chicas estaban un poco desilusionadas porque el partido de bolos estaba empezando de una forma poco épica y muy aburrida.

La primera persona que iba a iniciar la partida de bolos le tocó a Noemí, quién llevaba cinco minutos preparando para lanzar y no lo hacía. Todo el mundo le miraba en silencio, esperando que lo hiciera de una vez.

-¡Te dije que podrías tomar tu tiempo, pero esto es pasarse! ¡Vamos, lanza la maldita bola de una vez!- Hasta que la paciencia de su madre se hartó y le grito esto, esperando que se espabilaba rápido y tirase la dichosa bola.

-¡Por favor, mamá, no me estreses! ¡Qué estoy me estoy preparando para dar la mejor entrada a este partido!- Eso le replicó muy molesta, ya que le había desconcentrado.

Quería tirar de una sola vez los bolos y estaba estudiando cómo hacerlo. Más bien, miraba a la pista fijamente, movía la bola de un lado para otro, se chupaba el dedo e intentaba comprobar el viento que hacía, a pesar de que no estaba en el golf y estaban en un edificio cerrado. No dejaba de pensar cómo calcular con matemáticas la fuerza y la dirección para tirarlo por el buen camino, olvidándose del hecho de que nunca los aprobó en la escuela.

Y todo esto lo hacía porque quería dejar impresionado a Mao y dejarle claro que no era rival para ella, que le iba a robar a ese príncipe indio.

-¡Ya lo veo, ya lo veo!- Eso dijo cuando se decidió a lanzar la bola, después de los gritos de sus hermanos para que lo lanzará de una puta vez. Le gritó a Mao:

-¡Entérate, Mao! ¡Te dejaré claro quién es la mejor aquí!- Y lanzó la bola, mientras él se preguntaba asombrado por qué ella le mencionaba como si ellos fueron los que se estaban peleando.

Por desgracia, su entrada triunfante no fue así, lanzó la bola por el cielo con más fuerza de lo que ella calculó y cayó derecho a un lado de la pista, sin derribar ni una. Sus hermanos empezaron a reír como locos mientras su madre y Josefina se morían de vergüenza, y su padre le mandaba ánimos.

-No puede ser…- Estaba rabiando, porque se había humillado delante de su rival. -Si lo tenía todo preparado.-

Y se puso a lamentarlo, antes de gritarles a sus hermanos que se callarán e intentó hacerlo de nuevo. Pero lo hizo mal de nuevo y no pudo ni derribar una pobre bola.

-¿Y esto era lo que tu hermana quería mostrarme?- Eso le decía en voz baja Mao a Josefina, mientras veían como Noemí fracasaba miserablemente.

A continuación, le tocó al equipo Malan y el primero que tuvo que salir a tirar la bola era Mao, para desgracia suya. Dio varios suspiros mientras se levantaba desganado y se acercaba a coger la bola, entre los gritos de su equipo animándole para que lo tirara bien y los de Noemí diciéndole que no había mostrado su verdadera fuerza. Éste, ignorándolo todo, lo cogió y lo mandó a la pista con tan poca energía que parecía que iba a pararse en mitad del camino.

Al final, cayó a uno de los lados de la pista y pasó sin tocar ni un bolo. Noemí se empezó a reír de él, como si a ella no le hubiera pasado algo parecido; y la madre de Malan le pedía que intentara esforzarse mucho más, mientras las gemelas y Josefina susurraban que era lo que temían, que no se lo estaba tomando en serio.

-¡Vamos, Mao! ¡Tú puedes ser capaz de hacer strike!- Eso le empezó a gritar Sanae.

-¡¿Por qué esos ánimos!? ¡Debes ponerte manos a la obra y demostrarle al mundo que no eres esa clase de persona!- Junto con Alex.

-¡Ponte seria, que tengo que vencer a mi madre!- Y con Josefina.

Las tres le estaban enviando ánimos para que se le quitara la flojera de una vez y se concentrará en golpear los bolos como si su vida pendiera de eso. Y Mao al ver que esto, solo dio un gran suspiro de molestia y cogió la segunda bola.

-¡Madre mía, lo que tengo que hacer!- Eso se dijo en voz baja, mientras tiraba la bola hacia la pista. Lo hizo con algo más de ganas que antes, aunque no era lo suficiente para qué parecía que Mao se estaba poniendo serio.

Aún así, para sorpresa de todos e incluso de Mao, la bola alcanzó y derribó siete bolos.

-No me lo puedo creer…- Eso se decía él mismo, incapaz de creer. -¡¿De verdad, he hecho yo eso!?- Ni siquiera creía que iba a tirar ni un mísero bolo. Y a continuación, las tres chicas se echaron encima de él, muy eufóricas:

-Genial, ¡eres genial!- Le decía Alex.-¡Mao eres la mejor!- Le gritaba Sanae. -¡Gracias, muchas gracias!- Añadía Josefina.

Mao les pedía que le soltaran, que le iban a ahogar; además de que les decía que no era para tanto. Martha le aplaudía alegremente, Noemí gritaba de la frustración, mientras la madre de Malan se jactaba de aquello a la de Josefina, y sus maridos intervinieron en el último momento para que no se pusieran a pelear de nuevo. Los hermanos de Josefina mostraron total indiferencia.

A continuación, en la segunda ronda; fue el turno de Martha, por parte del equipo de los Porfirio Madero; y el de Josefina, por parte del equipo de los Malan.

-¡Haz un buen trabajo, Martha!- Eso le gritó con palabras de ánimos la madre de Josefina a Malan, cuándo ésta salía a tirar la bola.

-¡Oye, no le hables de esa forma tan amigable!- Y eso le replicó la madre de Martha, algo molesta de que le dijera algo a su hija. Después de todo, era su hija y no la suya.

-¡Ella está en mi equipo, es normal animarla!- Añadió esto. -¡Además, es una chica muy buena, nada comparable contigo, que eres su madre!- Eso último lo dijo intencionalmente para picarla.

-¡¿Qué intentas decirme con eso!?- Y casi se iban a ponerse a pelear de nuevo, si no fuera por sus maridos, que la detuvieron a tiempo. Los pobrecitos estaban bastante agobiados, al ver cómo sus esposas no podrían ni estar ni un segundo sin ponerse a pelear entre ellas.

Y como era típico de Malan, pues ella tiró bien la bola y tiró casi todas las bolas. Luego, consiguió tirar la última que le quedó y su madre saltó sobre ella, para darle un gran abrazo.

-¡Esa es mi niña!- Eso gritaba llena de orgullo y felicidad.-¡Sabía que lo conseguirías!- Mientras acariciaba su mejilla con la de su hija y ésta le pedía avergonzada que no lo hiciera tan fuerte.

Entonces, la madre de Josefina intervino y dijo molesta. -¡Oye, ella es de mi equipo, no el tuyo!-

-¡¿Tienes algún problema!?- Y ella le replicó con muy mala leche.- ¡Es mi hija, después de todo!-

Los pobres maridos tuvieron que intervenir de nuevo para que no se pusieran a pelearse de nuevo.

A continuación, le tocó a Josefina, quién estaba muy nerviosa. No le dejaba de temblar las manos, aunque las palabras de ánimos de sus amigas y de la madre de Malan. Le molestó muchísimo la actitud de su mamá que actuaba indiferente, la miró con enojo por unos segundos y se preparó seriamente para lanzar un lanzamiento que la dejaría boquiabierta.

-Le enseñaré a mi madre de una vez que yo me esfuerzo siempre…- Eso dijo en voz baja, que nadie escuchó; y con una cara tan seria que dejó algo sorprendido al resto. Al momento, lanzó la bola lo mejor que pudo.

Pero solo pudo derribar dos bolos, lo hizo de nuevo y pudo derribar tres más y en el cuadro abierto fue incapaz de terminar con los demás. Al final, solo llegó a cinco. Pudo con la mitad y sus amigas no paraban de decirle que lo hizo bien, incluso la madre de Malan.

Pero lo que Josefina quería saber era la reacción de su madre, la observó fijamente, incapaz de atreverse si lo hizo bien. Ella, al darse cuenta, dijo esto severamente:

-¡La próxima vez debes esforzarte más!-

Aquellas palabras, que en principio su madre no lo dijo con mala intención, hirieron profundamente a Josefina. Ella se sintió realmente despreciada por su propia madre. Se esforzó duramente, como en aquel difícil examen cuyo resultado provocó todo este problema; y no lo hizo perfecto, pero llegó a derribar la mitad. Por lo menos, quería palabras de ánimos y comprensión de su parte, estaba harta de que le tratará de esa forma tan dura e inflexible.

-¡Yo me esforcé todo lo mejor que pude!- Al final, ella explotó.

Aquel grito se extendió por toda la bolera y rompió el agradable ambiente que había entre las otras personas que estaban disfrutando. Ella le replicó, ignorando a su marido, quién se dio cuenta del error que su esposa estaba cometiendo e intentaba atraer su atención.

-Pues solo derribaste cinco, nada más. Así que no diste lo mejor de ti, después de todo.- Obviamente, esas palabras empeoraron la situación.

-Hago lo que puedo, pero tú siempre, siempre igual…- Y Josefina, incapaz de controlar sus emociones, le chillada violentamente. -Parece que nunca te alegras de mí en cualquier cosa que hago por mucho que me esfuerzo, nunca te parece suficiente.-

Nadie sabía cómo actuar en esta situación, viendo cómo Josefina explotaba y le gritaba realmente llena de ira. Para gran parte de ellos, era la primera vez que veía en ella tal actitud.

-Siempre, siempre igual conmigo…- Empezó a llorar a moco tendido. -¡Yo solo deseaba que estuvieras orgullosa de mí, pero tú, tú…!- Apenas le costaba hablar. -Jamás te he importado.-

-¡Espera, Josefina! ¡Eso no es verdad!- Eso le gritó su madre, un poco conmocionada antes el hecho de que su hija estaba creyendo eso, que era una total mentira.

-Tu madre no piensa eso, ¡hija mía!- Y su padre intervino, mientras intentaba acercarse a ella.

-¡No te preocupes, Josefina!- También lo hizo la madre de Malan.-¡La otra vez lo harás mejor!-

-¡Déjenme en paz!- Pero Josefina los rechazó de forma violenta.-¡No quiero saber nada de esto!- Mientras salía corriendo hacia los servicios para poder consolarse sola.

-¡Mira lo que has hecho, tu hija está llorando por tu culpa!- Eso le gritó la madre de Malan y su marido intervino para hacerla callar:

-No te metas en esto, por favor.- Pero sus palabras fueron ignoradas, porque el grito de la madre de Josefina fue mucho más fuerte:

-¡¿Por qué no te callas!? Eso lo sé, idiota.-

-Si no te pusieran tan dura con ella, no pasaría estas cosas.- El ambiente entre ellas no paraba de calentarse.

-¡Mete tus narices en otra parte! ¡No tienes derecho a criticar mi educación!- Y llegaron al punto de darse un empujón mutuo.

-Por favor, ¡tranquilicen!- Entonces sus maridos atraparon a sus esposas entre sus brazos, esperando evitar una pelea, pero fue en vano. Ellas empezaron a gritarse como locas, lanzándose puyas e insultos.

La incomodidad cundió en los hermanos de Josefina, quienes solo querían quitarse del medio y no saber nada; y entre Mao y las gemelas, quienes no sabían qué hacer. Sentían por una parte ir a buscarla y tranquilizarla pero por otra pensaba que ella solo deseaba estar sola por un rato.

Martha Malan estuvo en silencio durante todo el rato, preguntándose qué podría hacer y revisando profundamente la actitud de la madre de su amiga. Se dio cuenta de que solo intentaba parecer que actuaba indiferente ante su hija, pero en el fondo no era así.

Al tocarle el turno a Josefina, ella mostraba una cara de preocupación, mirando hacia su hija fijamente; como si se preguntaba si ella estaba bien. Aún así, intentaba ocultarlo poniendo una actitud de indiferencia, cuando ella le observaba, a pesar de que movía nerviosamente sus dos manos como señal. Cuando Josefa tiró la bola puso varias reacciones, sobretodo una de leve felicidad, después de que apuntase en el marcador cinco bolos tirados, aunque lo ocultó rápidamente. Al recordar esto, supo que solo intentaba ser dura y estricta con su pequeña, nada más.

Tal vez a su amiga le costaría entender, pero esto era una muestra del amor de su madre.

Y cuando Mao, harto de soportar la situación, se levantó y les dijo a las gemelas: -Voy a ver a Josefina y tranquilizarla. ¡No puedo aguantar esperar aquí!-

Entonces, Martha muy decidida, detuvo a Mao y le dijo: -¡Yo iré! ¡Yo iré a consolar a la lenta simpática!-

FIN DE LA SEXTA PARTE

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Centésima quinta historia

La madre de Josefina y la madre de Martha: Quinta parte, centésima quinta historia.

Después de eso, llegó el sábado y las dos familias se reunieron frente a una bolera situada en el centro comercial más cercano a las casas de los Malan y de los Porfirio Madero. Las dos madres se miraron fijamente a los ojos, con una mirada desafiante y aterradora que dejaba claro que entre ellas dos saltaban chispas; antes de empezar a hablar:

-¡Aquí estamos, como prometimos!- Eso gritó la madre de Malan, mientras mostraba a las personas que había traído.

-¡Igualmente, estoy preparada para nuestra pelea…!- Y replicó la de Josefina. -¡Pero antes…!- Antes de quedarse callada por unos segundos, para explotar como un volcán:

-¡¿Por qué traes a esas niñas!? ¡Ni siquiera son tu familia!-

No solo todos los familiares de aquellas dos mujeres fueron arrastrados, sino a personas algo ajenas a ellas, unas que se unieron a la situación porque le parecían divertido, otros se preguntaba cómo habían terminado en aquella estúpida situación.

-¡Pero son amigas de mi hija, así que vale! ¡Además, solo somos tres en mi familia y tú estás haciendo trampa con la tuya que es numerosa!- Le gritó con la misma intensidad.

-Si tú fuiste la que quería pelear con nuestras familias en una pelea de bolos.- Y así comenzaron a pelearse en las puertas de la bolera, mientras sus maridos le pedían que se tranquilizarán y los hermanos de Josefina estaban muertos de vergüenza.

Definitivamente, esto era lo que estaba pasando: Ellas decidieron hacer una competición entre sus familias, jugando a los bolos. Y la madre de Malan, tras darse cuenta de que estaba en clara desventaja, porque la familia de su contrincante, tenía cinco hijos; le pidió a su hija que llamase a algunas de sus amigas para participar en la pelea.

Así es cómo las gemelas Alex y Sanae se unieron, con ganas de divertirse a lo grande con la pelea entre las mamás de Josefina y Malan; al igual que Mao, que le obligaron a participar.

Tras tranquilizar a las dos madres y entrar en la bolera, las gemelas decidieron echar más leña al fuego, afirmando esto las dos a la ver:

-¡Os vamos a ganar, os demostraremos nuestra gran fuerza!- Lo dijeron totalmente desafiantes y seguras. E incluso arrastraron a Mao, añadiendo esto: -¿¡A qué sí, Mao!?-

-Ah, sobretodo eso.- Éste contestó de una forma tan desmotivadora que parecía sarcástica. Y la madre de Malan le pidió que estuviese más animada:

-Dilo con más ánimos, mujer.-

-Sí, vamos a ganar.- Lo hizo con menos energía que antes.

-No tienes remedio.- Concluyó la madre de Malan. Entonces, la de Josefina, intervino, gritándole esto mientras le señalaba:

-¡Inténtenlo, pero no os va a resultar nada fácil! ¡Os ganaremos!-

-No, seremos nosotros.- Gritó la otra.

Las dos madres se pusieron a pelear de nuevo entre ellas mientras sus maridos conservaban tranquilamente mientras estaban pagando para jugar a los bolos. Josefina, quién se sentía muy culpable por lo que pasó, decidió a  hablar con sus amigas:

-¡Perdón, por mi culpa os he metido en esto!- Eso les dijo Josefina con una cara llena de arrepentimiento y culpa.

-No pasa nada, no es tu culpa.- Le replicó Malan.

-Si no me hubiera ido de casa, nada de esto pasaría…- Agachó su cabecita y Mao la acarició, diciéndole estas palabras tranquilizadoras.

-Ya da igual, el problema son tu madre y la de Malan, que están como cabras; no tú.- Josefa no pudo evitar sacar una sonrisa, aunque se calló rápidamente e irracionalmente por temor a que su mamá se enfadará con ella.

-No te preocupes.- Dijo Sanae.

-Esto va a ser muy divertido.- Añadió Alex.

Las dos también intentaron animar a Josefina a su manera, mientras estaban realmente animadas por participar en aquella competición absurda.

Luego soltaron esto al unísono: -Y es mucho mejor que estar con nuestro padre, que cada vez está peor.-

Ignorando aquel extraño comentario, tanto Josefa como Mao se preguntaban qué le veía ellas de divierto esto, pero no le dieron mucha importancia porque él soltó esto de repente:

-Por cierto…- Le susurraba en la oreja a Josefina.-¿Por qué tu hermana me está mirando de esa forma?-

Se dio cuenta de que Noemí, la hermana de Josefina; le miraba con una cara de pocos amigos. Más bien, como si quería derrotarlo y éste no sabía la razón de que ella le miraba de una forma tan molesta si no le había hecho nada a ella. Ignoró, por otra parte, las miradas de bobos que mantenían los tres hermanos restantes hacia él.

-Nada, ignórala.- Le respondió Josefa.-Mis hermanos están de mala leche conmigo porque por mi culpa vamos a hacer esto.-

Desde aquel día hasta en aquellos momentos, estaban muy enfadados por Josefina porque ellos acabaron en esta situación y le trataron muy mal. Y era normal que ella también estaba molesta con sus hermanos, algo que notó rápidamente Mao, quién le dijo esto: -Son imbéciles, no lo tomes en cuenta.-

-Es verdad.- Le dio toda la razón y los hermanos que lo oyeron protestaron:

-Os estamos oyendo.- Eso le gritaron.

-Esa es la intención.- Y Mao añadió esto, antes de detener a Alex y Sanae porque estaban a punto de provocar al equipo rival.

Mientras Mao estaba regañando a las gemelas, Josefa llamó la atención de Malan y le pidió que le acompañara al servicio para hablar de algo privado.

Al ir a los servicios, Malan fue la primera en hablar: -¿Qué ocurre?-

-Aún me siento muy mal porque tu madre se pelea con la tuya…- Aún seguía algo triste por los acontecimientos.

-No te preocupes, han sido ellas dos quién han creado este problema, no tú.- Y Malan con su mejor sonrisa le volvió a decir aquellas palabras comprensivas. Josefa siguió hablando:

-Pero yo lo inicie, porque ella me regaño a pesar de sacar aprobado, aunque sea por los pelos.-

-Ella también tiene la culpa. No se dio cuenta de que te hirió innecesariamente con sus palabras.- Malan solo dijo su sincera opinión.

-Es verdad. P-por eso, deberíamos intercambiar lugares.- Eso último pilló por sorpresa a Malan, mientras Josefa se ponía a suplicar: -Te lo pido por favor.-

Aunque no se lo esperaba, rápidamente comprendió lo que quería hacer Josefina. Y soltó estas palabras para confirmarlo:

-¿Quieres enfrentarte contra tu madre?- Le preguntó.

-Tu madre me comprendió y me quería ayudar para hacerle entender a mamá. Por eso, ¡tengo que estar en su equipo, quiero darle una lección!-

Josefina temblaba un poco del miedo que le producía enfrentarse a su madre, pero su actitud decisiva dejaba claro que ella se llenó de verdadera valentía. Como Malan conocía las inmensas ganas que tenía ella de decirle la contraria a su terrorífica mamá, pues no se lo pensó ni dos veces:

-¿Así que eso es lo que quieres?- Josefa asintió.- Entonces, eso haré.-

Entonces, la cara de seriedad que tenía Josefina se transformó en una llena de alegría y saltó hacia Malan para darle un gran abrazo, mientras le gritaba esto: -¡Muchas gracias Malan, te quiero!-

Malan, avergonzaba, le decía que no era nada, mientras pensaba en lo complicado que sería contarse a su madre que se había pasado al otro bando.

Después de esto, las dos salieron de los servicios y les comunicó a sus madres lo que habían decidido:

-¡¿Espera, espera, qué!?- Eso gritó exageradamente conmocionada la madre de Malan.

-¡¿No lo estás diciendo en serio, Josefina!?- Y añadió la madre de Josefa por su parte, con un notable mal humor.

Todo el mundo se sorprendió por el hecho de que Josefa y Martha querían cambiar de equipos, aunque las madres fueron las más exageradas. Cada una sintió como si le hubieran apuñalado en la espalda.

-Pues sí. Me he intercambiado el puesto con Malan.- Josefina estaba ahí, mirando hacia su madre con una mirada decidida y desafiante.     Era la primera vez que adoptaba aquella actitud hacia ella y no le sentó muy bien.

-Es una decisión que las dos hemos elecciones.- Añadió Martha, quién no cambió su actitud de siempre. Su madre quedó destrozada, su querida y adorable hija no iba a jugar a los bolos junto con ella.

-¡¿Pero, por qué!? ¡Tú eres mi hija, deberías estar luchando a mi lado!- Se puso a comportarse como una niña pequeña, mientras su marido le pedía que no se comportará así y que debería respetar las decisiones de su hija.

-¡Pues haz lo que quieras, Josefina! ¡Pásate al otro bando si quieres! ¡Yo recibiré con mucho gusto a Martha en tu lugar!- Por su parte, la madre de Josefina intentaba actuar normal, aunque se notaba que estaba molesta y fastidiada por el hecho de que su hija fuera al bando contrario. Su marido intentaba tranquilizarla, mientras los hermanos de Josefa se quedaron en blanco, incapaces de creer que la pequeña de la familia se estaba enfrentada contra la mujer que los dominaba con mano de hierro.

-¡Pero Martha, piénsatelo! ¡Tienes que jugar conmigo, eres mi hija! ¡No te pases al enemigo!- Y la madre de Malan no paró.-¡¿He hecho algo malo para ti!? ¡¿Es eso!?-

-No, mamá. Solo he respondido al deseo de Josefina, ella quiere enfrentarse contra su madre, junto a ti.- Hasta que le mencionó eso.

-¡Ah, ya! ¡Es por eso!- Se dio cuenta porque su hija cambió lugar y aunque se sentía algo triste porque su hija no podría acompañarla, estaba encantada de ayudar a Josefina. -¡Pues bien, vamos a darle una lección a tu madre!-

Eso gritó, mientras señalaba a la otra madre con la mano. Josefina hizo lo mismo pero soltando esta frase: -Mamá, si gano, me tienes que perdonar por esa regañina del otro día, ¡¿me lo prometes!?-

Ella solo quería que su madre le dijera perdón por decir cosas tan crueles y que no volviera a hacerlo. Quería demostrarle que ella se estaba esforzando, con todo su corazón.

-¿¡Entonces es por eso!?- Pero su madre era muy orgullosa y no iría a demostrar perdón por algo como eso. -¡Pues, muy bien, lo acepto! ¡Pero a cambio si gano yo, no te cocinaré ninguna de tus comidas favoritas en todo un mes!-

-¡Qué cruel!- Josefina casi dio un grito de terror, ante la poca piedad que tenía su propia madre, pero mantuvo la compostura.

-Eso será tu castigo por huir de casa sin avisarme.- Eso añadió su madre, con una actitud prepotente, mientras ellas se observaban fijamente la una a la otra, lanzando una mirada que decía que ni iban a perder.

Entonces, intervino la madre de Malan: -¡No te preocupes, vamos a ganar, Josefina!-

-¡Eso ni te lo creerás tú!- Y le replicó la madre de Josefina.

Y las madres se pusieron a mirarse la una a la otra por varios segundos, y parecía que entre ellas dos salían chispas que serían capaces de electrocutar a millones de personas. El incómodo ambiente hostil que estaban creando esas dos era notado hasta por los mismos trabajadores de la bolera, que se preguntaba qué les pasaba a aquellas dos mujeres.

-Parece que esto será una fuerte competición.- Soltó Martha Malan, mientras reía nerviosamente.

-Esto parece, más bien, el comienzo de una guerra.- Le replicó Mao, aterrado ante el hecho de que debía que participar en una partida de bolos que parecía de todo menos amigable y agradable.

-¡Esto será el partido de bolos más épico de toda la historia, Sanae!- Se gritaba las gemelas, llenas de emoción, creyendo que iban algo único en la vida.-¡Ya lo veo, ya lo veo, Alex!-

FIN DE LA QUINTA PARTE

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Centésima quinta historia

La madre de Josefina y la madre de Martha: Cuarta parte, centésima quinta historia.

Lo primero que hizo Josefina al ver que su madre había entrado en la casa fue esconderse en el primer lugar que pilló: Detrás del sofá. Ella se agachó y temblando como un flan se tapaba la boca y cerraba los ojos, esperando que su mamá no se diera cuenta de su presencia. Malan seguía viendo el documental, totalmente absorta en cómo los animales de África vivían el día a día.

Al entrar, en el salón la madre de Josefina miró por todas partes y gritó esto: ¡Por el amor a Dios, no te escondas de tu madre!-

Josefina, al ver que su madre le dijo eso, se levantó de golpe y con el miedo en el cuerpo se quedó mirándola, con la esperanza de que no estuviera muy enfadada y que no le iba a castigar. Aunque al ver su cara de puro enfado, sabía que estaba perdida. Y le iba a decir algo, pero entonces la mamá de Malan intervino, quién estaba a su lado:

-¡Te tiene mucho miedo, debes ser una madre muy terrible…!- Y dejándole claro que le estaba criticando como madre. Eso hizo que la madre de Josefa se dirigió a la de Malan y le replicará con muy mala leche:

-¡No, por el contrario, ella me tiene respeto, así la he educado!-

-Pues vaya forma de respeto que tienes…- Lo dijo con tal tono de desprecio, que solo consiguió empeorar la tensión que había entre ellas dos, que se miraban la una a la otra con ganas de pelearse con puños y patadas. Malan reaccionó rápidamente, mientras su padre y el de Josefa estaba chalando amistosamente sobre una foto de un agricultor que estaba en la entrada, sin darse cuenta de lo que estaba sucediendo en el salón.

-Buenas tardes, mamá de Josefina.- Malan le saludó educadamente y bastante tranquila.-¡Encantada de volver a verla!-

La madre de Josefina, le devolvió el saludo muy amistosamente, como si fuera una vieja amiga: -Lo mismo digo, Martha.-

Después de todo, como Malan siempre se pasaba por su casa cada dos por tres, ya la conocía muy bien y le caía muy maja. Es más, le estaba muy agradecida por ayudar a su hija en sus notas.

-¡Lo ves, esto es educación!-Por su parte, la otra madre se puso a fanfarronear de su hija, a la vez que criticarla. -Aunque has sido un poco vulgar en tu forma de saludo.-

-¡¿Pero qué dices!? ¡Mi saludo no ha sido nada vulgar! ¡Tu actitud hacia mí que es vulgar!- Y eso solo consiguió que las dos siguieran centradas en criticarse la una con la otra, impidiendo a Malan poder introducirse en la conversación para tranquilizarlas.

-Oye, señora, ¡Tu actitud sí que es vulgar, pero de verdad!- Eso que gritó la madre de Josefina, hizo dar a los caballeros que estaban presente reaccionar de una vez.

-Vamos, ¡no se peleen!- E intervinieron para dar zanjada una pelea que parecía bastante estúpida.

A continuación, las dos parejas se sentaron en el sofá para hablar, en un ambiente que parecía asfixiante debido a la rápida enemistad que formaron las dos madres. Tras minutos de incomodidad, la primera que habló fue la mexicana:

-¡Hemos venido para llevarme a Josefina, solo eso!- Dijo esto tiránicamente.

-¡¿Y castigarla brutalmente, verdad!?- Eso soltó secamente la madre de Malan, haciendo que su marido le diera un codazo para decirle que no tenía que decir tal cosa.

-¡¿Y a usted que le importa lo que haga con mi hija!?- Y la madre de Josefa, saltó a la primera: -¿¡Le pasa algo!?-

-Perdonen a mi mujer.- El marido se disculpó rápidamente, para aliviar la situación. -A veces, le gusta exagerar.- Y su esposa le dio una mirada de pura molestia.

-¡No pasa nada!- Eso le replicó el padre de Josefa, bastante alegre. -¡Mi mujer también exagera!- Y terminó la frase riendo ruidosamente.

Su mujer le mandó una mirada asesina y éste se calló, antes de añadir esto: -¡No te pongas así!-

Los dos padres estaban realmente incómodos al ver como la esposa de uno y la del otro se miraban con ganas de arrancarse de los pelos. Entonces, intentaron mejorar la situación en dónde se encontraban ellos:

-¿¡Por qué no charlamos amistosamente un poco!? ¡Nos acabamos de conocer, no deberían estar tan tensos!- Eso decía amigablemente, el padre de Josefina.

-¡Tiene toda la razón, señor Porfirio! Nuestras hijas son amigas, por tanto, no deberías empezar nuestra relación con mal piel.- Y añadió esto, el de Malan.

Lo intentaron, hicieron todo lo posible para evitar que la charla incómoda que tenían se volviera una terrible discusión entre madre. Fue en vano, porque, tras media hora, se estaban gritando como locas:

-¡No me trates como una ignorante, que he sacado la carrera de psicología y la aprobé todas!- Eso le gritaba la madre de Malan a la de Josefina, y ella se la devolvía con el mismo tono:

-¡Ja, qué risas! ¡Eres tú la que me has tratado de ignorante! Yo también terminé mi carrera de psicología, con sobresalientes, con una tesis que dejó boquiabierto a todos mis profesores. ¡Pero, pero…! ¡Da vergüenza que no sepas algo tan básico como eso! ¡¿De verdad, aprobaste la carrera!?-

La discusión que estaban teniendo empezó con la visión de ambas sobre la educación que hacían sobre sus hijas y, por culpa de que la madre de Malan presumiera lo buena que era su hija, como sinónimo de que la había criado mejor; terminó siendo una sobre cuál hizo mejor su carrera de universidad, que casualmente fue la misma. Es más, solo el hecho de que intentará aladear de haber hecho la carrera de psicología y equivocarse de una forma tan patética y humillante, solo puso histérica a la madre de Josefina y se pusiera a echarle en cara que era una estúpida que no sabía de casi nada.

Los maridos, por su parte y al ver que no podrían hacer nada, le dejaron solas y se fueron a charla en el pequeño invernadero que tenía el padre de Malan. Aún estando en ese sitio, oían claramente las voces de sus esposas, chillando como locas.

-No debería presumir tanto de su carrera, la iba a dejar a medias, harta de tanto estudiar.- Añadía el padre de Malan: -Si no le hubiera dado clases extras y ayudado, tal vez nunca lo hubiera conseguido.-

Eso dijo, tras dar un suspiro, mientras recordaba nostálgico aquella época en dónde los dos empezaron a estudiar, que empezó mientras estaban ahí.

-Ya veo, a su esposa nunca llevo bien eso de estudiar. -Rió ruidosamente y añadió: – Mi esposa fue toda un cerebrito en su época, realmente era una mujer inteligente. Siempre diciendo cosas que me parecían chino y me sentía muy inculto a su lado.-

Él también empezó a recordar la época en dónde conoció a su esposa y dónde empezaron a salir. Luego, el padre de Malan siguió hablando:

-Eso me he dado cuenta. Bueno, creo que si no fuera a ayudarla a terminar su carrera, todo sería diferente. Gracias a eso, nos hicimos novios.-

-¿¡Entonces, fueron novios en la universidad!?-Soltó un gesto de sorpresa.-Yo a la mía le conocí ahí, pero de otra forma. De limpiador en los pasillos, durante mi época de inmigrante ilegal, mientras ella estudiaba con esfuerzo su carrera, como estudiante de intercambio.- Cerró por un momento los ojos. -Creía que ella me era inalcanzable, pero, por alguna razón, al final el destino nos unió.-

Entonces, el padre de Malan, interesado en la época de aquel hombre en la cual era un inmigrante ilegal, le iba a preguntar sobre eso. Entonces, sus esposas dejaron de gritarse y aparecieron detrás de ellos, con la intención de decirles.

Mientras tanto, Martha y Josefina, quienes también se quitaron del medio, estaban en el cuarto de la pequeña africana. Después de hablar un poco, se quedaron en silencio, algo anormal porque Josefa nunca cerraba la boca. Después de todo, eso hacía saber a Malan que su amiga estaba realmente preocupada y aterrada por lo que había pasado, solo estaba pensando en silencio. Y estuvo pensando en abrir su pequeña boca para tranquilizarla o sacar algo para que ella se distrajese por un rato.

Al final, oyó unas débiles palabras, procedentes de ellas:

-¿¡Qué vamos a hacer!?- Murmuró algo nerviosa y alterada. -¡¿Qué vamos a hacer!?- Y Malan decidió actuar:

-Luces realmente preocupada, ¿¡Es por tu madre o por qué ellas dos se están peleando de esa forma!?-

-Pues…-Josefa se quedó pensando unos segundos, mientras le miraba la cara a Malan con ganas de llorar. Luego gritó:

¡Las dos! ¡Nuestras mamás se odian, y tengo miedo de que nos separen! -Y le abrazó fuertemente.- ¡Y no quiero separarme de ti!-

Como siempre, Josefina había exagerado las cosas y se puso realmente dramática. No dejaba de decir que no quería separarse de Martha una y otra vez. Eso le pareció a su amiga algo muy lindo y gracioso, a la vez. Aunque algo incómodo, porque parecía como si fueran dos enamorados que iban a ser separados por sus familias.

Y con voz tranquilizadora y casi maternal, le decía estas cosas a Josefina, mientras la abrazaba:

-No te preocupes, eso sería realmente exagerado, aún siendo de nuestras madres.-

-¡¿De verdad!?- Le preguntaba frenéticamente y esperanzada. -¡¿De verdad, no harían tal cosa!?-

-Por supuesto que sí. Es más, yo le caigo bien a tu madre, y tú a la mía. Así que todo va a ir bien.- Esas simples palabras tranquilizaron a Josefina, que llevaba un buen rato asustada al ver que sus madres se odiaban a muerte y podrían separarla de su amiga. Confió fuertemente en sus palabras, porque casi siempre tenía razón. Añadió con una sonrisa que tenía razón y las dos empezaron a reír. Malan se alivió mucho que ésta dejará de preocuparse inútilmente, mientras se daba cuenta de que habían pasado algunos segundos desde que dejaron de chillar sus madres.

Entonces, la puerta se abrió violentamente, sorprendiendo a las dos chicas. Josefina se puso pálida al ver que eran sus madres, con una cara de pocos amigos. Y ellas dos se soltaron rápidamente y, luego, Malan les preguntó tranquilamente esto: -¡¿Qué ocurre!?-

-¡Vamos a hacer una competición por cuál familia es la mejor!- Gritaron al unísono como leonas y ningunas de las dos chicas se enteraron muy bien lo que querían decir. Pero había una cosa que se dieron cuenta, le habían metido en un lío, al parecer.

FIN DE LA CUARTA PARTE

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Centésima quinta historia

La madre de Josefina y la madre de Martha: Tercera parte, centésima quinta historia.

La madre de Josefina estaba comiendo galletitas saladas mientras observaba su serie de televisión favorita, un drama sobre médicos. Junto con ella estaba dos de sus hijos, fastidiados por ver esa cosa que les parecían puro aburrimiento. Los pobres no tenían otra cosa, porque ella les quitó sus consolas portátiles, como castigo por no hacer nada en la casa.

-¡Oye mamita, ¿podemos cambiar a otra cosa?!- Y uno de los dos gordos le preguntó eso a su mamá, harto de aquel estúpido programa.

-¡Cállate chavo, que está muy interesante!- Pero solo consiguió que su madre le hiciese callar.

Y, por su parte, su hermano le dio una gran colleja y le dijo esto en voz baja: -¿Por qué le hablas, pendejo? ¡Déjala tranquila, que así no nos manda a hacer cosas en la chabola!-

Entonces, cuando se iba a revelar quién era el padre del protagonista, su teléfono móvil empezó a sonar sin parar.

-¡¿Quién me llama ahora!?- Eso se decía muy molesta, mientras buscaba su móvil desesperadamente.

Al encontrarlo, el cual estaba en la cocina; contestó rápidamente: -¿Quién es?-

-¿¡Usted es la madre de Jasofina!?- Y aquella voz, desconocida para ella, le soltó esto. Ella se quedó extrañada.

-¡¿Jasofina!?- Era la primera vez que oía un nombre tan raro.

Y entonces, oyó una vocecita que conocía muy bien:

-¡¡Es Josefina!!- Era su hija, cuyo grito casi le iba a destrozar el oído con el cual su madre estaba escuchando con el móvil.

-Perdón, perdón, es que tienes un nombre muy complicado de pronunciar.- Luego, la que le llamó se le puso a disculpa a Josefina, olvidándose de que estaba realizando una llamada.

Su madre se quedó boquiabierta, porque creía que Josefina estaba en su casa. Ni siquiera le dijo que iba a salir, y eso la enfureció.

-Pero si es facilísimo.- Mientras su hija soltaba esto, su madre se quedó preguntándose qué había pasado para que su hija le pidiera a otra persona que le llamase, y por qué se no estaba en su casa. Decidió averiguarlo.

-¿Qué quiere mi Josefina esta vez?- Eso le preguntó, con muy mala leche.  -¿Y por qué no me ha avisado de que está en otra casa?-

Entonces, recibió una respuesta que jamás esperaría haber tenido: -Pues, se lo dejo bien claro. Como madre que soy, he escuchado lo que ha pasado entre Josefina y tú, y no me parece nada bien lo que hiciste.-

-¡¿Espera, qué!?- Se quedó extrañada por unos segundos.

-La gritaste y te pusiste cómo una furia solo porque tu hija sacó una nota más baja de la esperaba, aún cuando había aprobado.- Y aquellas palabras le sentaron fatal, porque absolutamente nadie antes le había cuestionado si estaba educando bien a sus hijos. Eso la puso como una furia.

-¡Oye, no tienes el derecho a decirme que la estoy educando mal!- Eso le gritó. No iba a dejar que aquella madre se iría de rositas tras acusarla.

-Pues sí, tengo todo el derecho del mundo a criticar su educación.- Y la otra, al escuchar su tono de voz, se atrevió a contestarla con muchos aires.

Ella, por supuesto, no iba a ser menos: -¿¡En dónde lo dice!? ¿¡El ministerio de educación te ha dado el diploma o qué!?-

-No sabía que…- La otra se lo creyó, por un momento. -¡¿Espera, eso era irónico, verdad!?-

La madre de Josefina se quedó en silencio por unos pocos segundos, preguntándose si aquella vieja era tan pendeja para haber creído que eso que soltó era verdad. Luego, añadió esto:

-¡Solo le voy a decir de que se meta su opinión por el culo, nada más!-

Aquellas palabras tan finas solo fueron recibidas por una contestación igual de malsonante:

-¡Y tú te lo metas por la vagina!- Eso le gritó, antes de decirle algo que debería haberlo dicho en primer lugar: -¡Y una última cosa, su hija se quedará a dormir aquí, le he dado permiso!-

-¡Ni una mierda le voy a dejar hoy dormir en otra casa, me la llevaré a casa aunque sea a rastras!-

No iba a dejar que su hija iba a estar en esa casa, después de haber tenido una discusión con una madre que se atrevió a desafiarla, también por el hecho de que Josefina no le dijo a dónde fue en primer lugar.

Mientras tanto, los hijos que estaban en el salón con ella, al ver que su querida madre estaba de muy mal humor decidieron quitarse del medio sigilosamente.

-Pues inténtalo, le diré mi dirección para que venga en persona y le dé un buen repaso, ¡preparase!- Eso le dijo, toda altanera.

-¡La que se va a preparar serás tú!- Eso le gritó como loca, antes de colgar de un golpe.

E iba a tirar el móvil contra el sofá, pero volvieron a llamar y ésta tuvo que cogerlo, tras saber que era la misma de antes.

-¿¡Qué pasa ahora!?- Eso le preguntó con muy mala leche.

-¡Iba a decir mi dirección!- Y a gritos, le soltó esto la otra, antes de decirle dónde vivía.

Volviendo a la casa de Malan. Tras terminar la charla telefónica, que fue de todo menos pacifico, Josefina le preguntó a la madre de su amiga esto:

-¿Cómo ha salido? No parecía que estuvieran muy contentas.- Eso le decía Josefina, totalmente aterrada con la idea de que su madre estuviera muy cabreada. Tenía esperanzas de que aquello que observó no fuera lo que había estado imaginando.

Malan, quién estaba al lado de Josefa, miraba molesta a su madre, mientras daba un suspiro de fastidio. Su madre había empeorado la situación y a un tiempo record.

-No te preocupes, ella aparecerá en persona por aquí y ya le dejare bien claro las cosas.- Por su parte, la madre de Malan, con mucho optimismo y seguridad, le dijo esto a la amiga de su hija.

-¡¿Espera, espera, va a venir aquí!?- Y ésta se quedó blanca del terror, al saber que su madre iba a aparecer en la casa de Malan.

-¡Pues sí, pero le voy a bajar los humos!- Entre risas, la madre añadió esto.

Y eso dejó claro a Josefina de que su madre estaba realmente enfadada, pero preguntó por si acaso: -¿Eso quiere que está enfadada?-

-Se ha puesto de muy mal genio esa mujer solo con decirle eso.- A pesar de que lo sabía, le entró la desesperación.

-¡¿Ahora qué hago!?- Gritó esto, totalmente aterrada.

-¡No te preocupes, yo lo solucionaré!- Y la madre de Malan, quién creía de todo corazón que iba a solucionar las cosas, empezó a tranquilizarla.

-¡¿De verdad!?- Y ésta sintió como si un rayo de esperanza la iluminaba.

-Sí, confía en mí.- Eso le dijo a Josefina, inflando el pecho de puro orgullo, mientras Malan se decía mentalmente que si fuera ella lo mejor que haría no era confiar mucho en su madre.

Tras pasar un buen rato, alguien tocó el timbre de la casa de Malan. Al oírlo, Josefina, quién estaba viendo junto con su amiga un documental sobre animales en el salón, se puso blanca del terror y empezó a temblar.

-¡Y-ya ha llegado!- Eso decía Josefina en voz baja, mientras Malan la observaba y comprobaba en primera persona el grado de miedo que tenía ella a su madre.

Y la madre de Malan, quién estaba en la cocina preparando el lavavajillas, paso por el salón, gritando muy contenta y deseosa de empezar el conflicto: -Por fin, ¡ya me estaba cansando de esperar!-

Malan se preguntó si su madre solo quería guerra más que ayudar a una chica que le recordaba un poco a sí misma. Y Josefina, muerta de miedo, cerró los ojos y abrazó fuertemente a su amiga, sorprendiéndola en el acto:

-¡¿No crees que estás exagerando un poco!? ¡Es solo tu madre!- Eso le dijo Malan, con un tono bastante tranquilo.

-¡Cuando se trata de mamá, nada es exagerado!- Y Josefa le respondió eso, con un tono totalmente distinto.

Mientras tanto, la madre de Malan ya llegó a la puerta  de la calle y la abrió. Al hacerlo, gritó esto: -¡Bienvenida a la casa de los Malan!-

Cuando las dos se vieron las caras por primera vez en sus vidas, se miraron fijamente en silencio, para ver con quién iban a tratarse.

La madre de Malan miró de arriba para abajo a la de Josefina. Parecía tener una edad alrededor de los cuarentas años y era bastante más bajita que ella, le llegaba a la altura de los ojos, o eso le daba la impresión. Tenía el pelo moreno y corto, cuyo flequillo tenía que ponerlo a un lado porque no le dejaba ver. Su cara se parecía mucho a la de su hija, aunque más redondita y gordita. Su nariz era parecida, aunque sus ojos tenían un aspecto mucho más malhumorado. Daba la impresión de que estaba gorda, porque tenía las caderas muy anchas, un enorme trasero y grandes muslos. Por arriba, no tenía mucho pecho y su barriga no estaba muy crecida. Llevaba un enorme abrigo que le llegaba hasta las rodillas de color marrón muy oscuro y unos pantalones del mismo color y que abrigaba mucho. Y a su lado, se encontraba un hombre bigotudo totalmente abrigado hasta las cejas.

La madre de Josefina hizo lo mismo, miró de arriba para abajo a la de Malan. Veía a una rubia, cuyo pelo llegaba a sus hombros; con una figura esbelta. Su cara parecía larga y delgada, y era alta, flaca y tenía unos senos enormes; aunque tenía poca cadera, poco trasero y muslos. Llevaba un suéter de color blanco y una falda muy larga de color azul. Mientras ellas dos se observaban mutuamente con una mirada de pocos amigos, un hombre apareció detrás de la dueña de la casa y los saludó amistosamente:

-¡Buenos días, ustedes deben ser los padres de Josefina!- Era el padre de Malan, quién se acercó desde su huerto para saludar a sus anfitriones.

-¡Eso somos, mucho gusto!- Y el padre de Josefina, quién acompañaba a su esposa, le devolvió el saludo con la misma alegría, quién esperaba que con esto rompiera el hielo.

Al final, la madre de Josefina con un tono algo insolente, le preguntó lo obvio a la otra: ¡¿Entonces, tú debes de ser la madre de Martha!?-

-¡¿Y tú de Jasofina!?- Y ésta soltó esto, con un tono parecido.

-¡Es Josefina!- Y solo enfadó aún más a la otra, al oír que estaba diciendo mal el nombre de hija.

Las dos, intentando parecer amables pero con una mala leche que se notaba en el aire, se estrecharon las manos, los más fuerte posible para hacer daño la una con la otra.

-¡Encantada de conocerte!- Y se saludaron con una sonrisa falsa muy aterradora, para luego quedar en un silencio realmente incómodo.

Los maridos, quienes se quedaron preguntando de dónde veía esa hostilidad y dándose cuenta de que podrían ponerse a pelear, decidieron intervenir para romper el hielo.

-Deberían entrar, ahí hace mucho frío.- Eso decía el padre de Malan, con mucha amabilidad.

-Es verdad, verdad.- Y el padre de Josefina entró. -¡Vamos entra, cariño!- E instó a su esposa que entrará.

Sin mediar una palabra, ella entró en la casa mientras la madre de Malan se ponía a un lado y cerraba la puerta. A continuación, todos se dirigieron hacia el salón.

FIN DE LA TERCERA PARTE

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