Septuagésima_primera_historia

La radio y el mar: Segunda parte, septuagésima primera historia.

Dos largas semanas, ensayando un día no, uno sí; estuvieron antes de poder estrenar su gran debut en el mundo del teatro, algo que esperaban con impaciencia. Alsancia le rezó a su santo para que todo le salieran bien a ellas y Josefina le pidió a su madre que rezara a la virgen de Guadalupe. Solo algunas madres de las chicas querían venir, pero al ver que no podrían, le pidieron que le grabaran la función. Candy y Cook estaban preparando los escenarios y Clementina y Leonardo iban a manejar las luces, mientras Diana se fue a los asientos esperando a que su querida amiga Natáshenka apareciera. Todos los actores intentaban quitarse un poco de su nerviosismo, mientras todos los niños ya habían entrado en la sala de teatro, faltaba poco para que el telón se levantara.

― Chicas, ¿están preparadas? ― Les decía Mao a todas, mientras ellas ponían rápidamente los últimos preparativos. Respondieron que sí, con entusiasmo y chocándose las manos la unas a las otras. Con esto se levantó el telón, empieza así la primera escena del primer acto.

Dos chicas pescando en el muelle de algún puerto del mundo moderno, con una radio con ellas. Se escuchan ruidos de gaviotas y de barcos a la vez que se escucha una canción de origen evidentemente coreano.

― ¡Q-qué bien se siente estar escuchando la radio mientras pescas en el río! ― Eso dijo una de ellas, que era Josefina; y se había equivocado en el primer dialogo, provocando que Cook dijera de forma irónica, quién la estaba viendo desde detrás del escenario, que habían empezado bien.

― ¡Querrás decir el mar! De todos modos, ha sido una buena idea. ― La otra era Malan, quién era la otra pescadora, y quién tuvo que modificar su dialogo. Lo que consiguió es que el público se reía de la pobre de Josefina y la llamarán estúpida, haciéndola enfadar.

― ¡Imagínate si la música de nuestra radio sea capaz de atraer a los peces, así podemos capturar unos cuántos! ― Eso dijo Josefina a continuación, mientras hacía un montón de movimientos ridículos que le pedían que hiciera en el guión. O eso recordaba ella.

― ¡Cómo si los peces fueran capaces de entender eso! ―

Al decirlo, la pescadora número dos, es decir, Malan; los niños empezaron a decir que los peces eran idiotas y otros insultos, provocando que los maestros les regañaran por decir esas tonterías. Siguió hablando:

― ¡Si fuera así, ya tendríamos un montón de ellos hace rato, y ninguna hemos pescado! ―

― La pesca es un arte en dónde se requiere paciencia, mucha paciencia. ―

Los niños replicaron que la pesca era un rollo, mientras Josefa hacía como si ella fuera torpe e hizo como que tiró la radio, quien era Mao, que se tiró al suelo y que por suerte tenía un colchón sobre él.

― ¡Oh no, mi querida radio de trescientos dólares! ¡Se está hundiendo en la mar! ― La pescadora número uno, Josefa; lo hizo con tanto dramatismo y exageración, que los niños empezaron a reír sin parar, de lo gracioso que parecía. Hasta a Malan se le salió unas risitas. El talón bajó, mientras Cook, por un micrófono, decía unas palabras, finalizando así la primera escena:

― ¡Y así fue como la radio de trescientos dólares se hundió poco a poco hasta llegar al fondo y fue arrastrada hacia lo más profundo del océano! ―

Mientras cambiaban la escena para hacer que pareciera el fondo del océano, y mientras todas se estaban cambiando, Cook le dijo esto a Josefina:

― Bueno, casi ibas a meter la pata en el primer momento, así que espero que para la próxima lo hagas mejor. ¡Debes esforzarte mejor para la que viene! ― Eso le dijo Cook, tras pensar durante largos minutos cómo le iba a decir esas palabras a la mexicana sin afectarla.

― ¡P-perdón, es que e-estoy muy n-nerviosa! ― Temblaba como un flan.

Cuando todo estaba listo, mandaron la orden de subir el telón, y que Mao se pusiera en medio del escenario. Éste lo hizo, deseando que terminara cuanto antes la obra de teatro. Así empezó la segunda escena.

Una radio en mitad del mar, perdida en el lecho marino, en un lugar dónde apenas alcanza la luz, aparecen animales marinos pasando como si nada, ignorando su existencia. Van de un lado para otro, haciendo ruidos estúpidos que hacen gracia a su público, hasta que uno se da cuenta de que hay algo raro entre la supuesta arena.

― ¿Q-qué es esta cosa?― Eso dijo de una forma brusca y poco delicada, el pulpo, quién no era nada más ni nada menos que Jovaka. Rápidamente todos lo que estaban dando vueltas por el escenario se acercaron a la radio.

― ¡No parece un depredator! ― Eso le decía la gamba, quién estaba siendo interpretando por una de las gemelas, Alex; y lo digo de esa manera, para hacerlo mucho más gracioso, aunque no consiguió sacar ni una sola risa.

― Ni otra cosa. ― Añadió Sanae, quien era la langosta; mientras tocaba la mejilla de Mao sin parar, que le ponía cara de querer diciendo que le dejara de tocar, y eso pensaba, pero no podría hablar, porque la radio no hablaba en toda la obra.

― Y no se mueve, no huye ni nos matacrá. ― La almeja estaba siendo interpretado por Josefina, y se equivocó con el diálogo otra vez, siendo la burla del público, de nuevo. Estaba sosteniendo a la sardina, quién no era nada más ni nada menos que Alsancia, a quién le preguntó si estaba en lo cierto, y ésta le contestó con la cabeza afirmativamente.

― Es negro y cuadrado, y tiene unas cosas que sobresalen. ― Eso decía el tiburón, es decir, Malan, poniendo una actitud bastante inocente para el animal que representaba y quién apretó un botón inexistente.

Entonces se empezó a escuchar música, una parte de la Sinfonía n.º 9 en re menor, op. 125, y todos los demás personajes de la obra empezaron a mirar a un lado para otro, a correr como locas, poniendo cara de puro terror. Todo esto convirtió la sala en un concierto de risas.

― ¿Qué es lo que se oye? ― Decía el pulpo.

― ¿Qué es eso? ― Gritaba la almeja, chillando de una forma muy falsa.

― ¿Es un depredator? ¿Es un depredator? ― Gritaban la gamba y la langosta.

― ¿De dónde viene? ― Gritaba el tiburón.

La sardina fue la primera que dejó de dar vueltas por el escenario y acercarse a la radio para tocar otro botón inexistente y así cambió la música, pasando a ser Thriller de Michael Jackson.

Todos empezaron a acercarse y a tocar más botones, pasando a escuchar canciones de flamenco, el himno de Canadá, alguna música salida de un opening de un anime, un clásico del rey del rock entre otros más.

― Todos esos ruidos salen de esta cosa. ― Dijo el pulpo.

― Debe ser una de esas miles de cosas que caen de los humanos a aquí. ― Añadió el tiburón.

― Pues no parece una cosa muy peligrosa, como esas…como esas…― La almeja se quedo atascada, no podría recordar cómo tenía que terminar su diálogo. Otro error más por parte de Josefina.

― De todos modos, ni siquiera hace algo. ― Comentó el tiburón, intentando corregir el error de la almeja.

― ¿Y si es un jarrón de última generación en dónde están atrapados miles de almas y con estas cosas puedes escucharlos? ― Esto se lo inventaron las gemelas, al pensar ellas que su diálogo parecía un asco. Tanto el público como los actores no entendían qué querían decir con eso.

Entonces, se empezó a oír un montón de gritos, como si fueran de un monstruo, y todos los animales salieron fuera de escenario:

― ¡Una ballena! ¡Una ballena! ― Gritaban todas.

― Es una Orcinus orca. ― Decía el tiburón antes de esconderse, que  intentaba explicar que eso no era una ballena, sino una orca. Recuerden que, aunque la llamen la ballena asesina, es de la familia de los delfines.

Efectivamente entró alguien que se hacía pasar por una orca, era Cook, gritando que los iba a comer, que los iba a devorar; de una forma muy aterradora. Consiguió inesperadamente que el público sintiera miedo e incluso empezaron a llorar, aunque esto hizo pensar que estaba haciendo bien su trabajo.

Y como dictaba su papel, tenía que acercarse a la radio y a empezar a tocar botones, y así encender la radio, que misteriosamente estaba apagada. Luego, hizo como que se asustó y salió corriendo, gritando como loca; mientras los niños se reían de ella y la insultaban. Ésta se sentía molesta y quería que se muriesen. Los animales salieron de nuevo al escenario, viendo que la radio había espantado a la terrible ballena asesina.

― ¡La radio ha vencido a la ballena! ― Decía la almeja, intentando mostrar mucha alegría, pero que a ojos de los demás quedaba demasiada falsa, mientras Cook le decía desde detrás del escenario que los animales desconocen que se llamaba así.

― Es una Orcinus orca. ― Repitió el tiburón, saltándose el dialogo que tenía.

― ¡Vamos a hacerlo nuestra reina! ― Gritaban la gamba y la langosta, actuando que estaban muy eufóricas por eso, y no le quedaban nada mal. Es más, todos los niños empezaron pedir que lo fuera. Y con esta sorpresa, los demás actores casi se olvidaron de que tenían que hacer los mismos que las gemelas y proclamar a la radio como su nueva reina. Así se terminó el acto y mientras bajaba el telón, estaban diciendo estas palabras:

― ¡Y así es como aquella radio se pudo proclamar reina y convertirse así querida por todos los del lugar! ―

Durante esos cinco minutos, los actores estaban descansando, aunque tuvieron que soportar las regañidas de Cook, quién les decía que volviesen a leer de nuevo el guión del segundo acto para que no se equivocaran, sobre todo a Josefina; y que lo hicieran mucho mejor.

― Ya estamos por la mitad, así que dar lo mejor de vosotras, que ya queda poco. ― Les decía Cook, antes de levantar el telón y empezar el segundo acto.

Al empezar, el público veía como bailaban todos los peces del mar, alrededor de su reina, la radio, durante un buen rato. Malan era la única que bailaba de una forma que no parecía ridícula, más lo hacía de una forma elegante. Las gemelas estaban intentando hacer un baile moderno sin salirle bien, Josefina se estaba inventando uno nuevo, Jovaka solo daba vueltas y Alsancia se cayó al intentar hacerlo.

Tras un buen rato, haciendo reír a los niños por lo mal que bailaban; la voz de Cook volvió a hacer acto de presencia:

― ¡El mundo submarino estaba tranquilo y en paz, solo había más que felicidad, pero había una amenaza que procedía de la superficie! ―

Entonces, cayó sobre la sardina una red de pesca, y todos los animales al verla en peligro, intentaron ayudarla, pero no podrían se la estaban llevando a la supuesta superficie. Le decían que aguantara y todo el público empezó a llorar por ella. Al final, pudo escapar y así liberarse de la red.

― ¿Qué ha sido eso? ― Gritaba la almeja.

― Son los humanos, han venido a por nosotros. ― Decía el tiburón.

Así bajó el telón, empezando así la segunda escena del acto y todos hicieron lo más rápido que pudieron para cambiar totalmente el escenario.

Al subirse, nos encontramos con un barco en mitad del mar, con tres personas a bordo, vestidas con impermeables de color amarillo, tirando redes. Empezaron a cantar una canción, más mal que bien, de marineros. Fue un desastre, ya que se saltaban o incluso se inventaba algunas partes y quedaba fatal. Incluso el mismo público lo decía. Tras terminar aquel fatídico canto, empezaron a hablar:

― ¡La mar está en su punto! ― Decía uno de los pescadores. ― ¡Está tan  tranquila que se puede capturar peces sin preocuparte de nada! ― Era Josefina la que decía eso.

― ¡Peces que se venderán a grandes precios en las subastas! ― Añadió la otra, que era Alex; y que conscientemente decidió usar subastas en vez de lonjas, por ningún motivo evidente.

― ¡Dinero, dinero para nosotras, las pobres! ― Este diálogo fue dicho por la otra, que era la otra gemela, Sanae; y fue totalmente inventando. Desde detrás del escenario, Cook chocaba su mano contra su cara, decepcionada al ver que nadie estaba haciendo bien la obra.

― ¡Hey, patrona! ¿Si capturamos muchos, nos invitara a comer en algún restaurante? ― Le dijo Alex a Josefina, con otra línea inventada, y ésta, al saber que ese no era el diálogo, no sabía qué decir. Cook les intentaba llamar la atención, decirles que no tenían que hacer eso, que tenían un guión, pero ellas las ignoró completamente.

― ¡Pues claro, claro! ― Esa fue la primera respuesta que se le ocurrió, pero vio en la cara de las gemelas una sonrisa siniestra, adivinó lo que querían en realidad, que las invitará a comer después de la obra.

― ¡Pero antes, hay que hacerlo! ¡Vamos a tirar más redes, para conseguir más peces, que no hemos pescado ni uno! ― Decía Josefina, siguiendo el guión.

Y con esto dicho se bajó el telón, y mientras Cook regañaba sin piedad alguna a las tres, se volvió a la misma escena del fondo del mar. Con la radio, interpretado por Mao, en el centro del escenario. Al subir, vieron como los animales marinos corrían de un lado para otro, gritando y pidiendo auxilio, con algunos enredados por redes de pesca.

― ¡Ayuda, ayuda! ― Decía al almeja.

― ¡Ayuda, reina! ― Gritaba el pulpo.

― ¡Asusta a los humanos! ― Gritaban langosta y la gamba.

Entonces el tiburón se acercó a la radio y empezó a rezarle, le pedían su fuerza y su poder para luchar contra la humanidad, y al ver que no pasaba nada, como decía el guión, tocó un botón y empezó a escucharse La cabalgata de las Valkirias de Richard Wagner. Entonces cayó sobre Mao una red de pesca.

― ¡Oh no, nuestra reina! ― Gritó el tiburón, mientras la radio se alejaba de ellos, y mientras el público gritaba lo mismo.

― ¡El agua no está tranquila, va a hacer tormenta! ― Decía la almeja, quién ya se había liberado de la red.

Y así se cerró el telón, terminando la escena y cambiándolo todo para que el escenario volviera a ser el barco en mitad del mar de nuevo.

― ¡Por Buda, cambiar la escena una y otra vez es realmente agotador! ― Decía un Mao cansado y deseoso de que terminaran de una vez.

Al subirse el telón, estaba las tres pescadoras mirando a la radio en el fondo, hacían como si estaban peleando entre ellas.

― ¡Qué asco, no podríais coger a un ser vivo antes que basura! ― Les gritaba la patrona.

― ¡Por lo menos hemos captura algo, tú nada! ― Les gritaba una.

― ¡Y además, funciona! ― Le gritó la otra, aún se estaba escuchando esa música, aparte de que estaba oyendo un montón de truenos y rayos, algo que estaba asustando al público. Entonces, para la sorpresa de niños y niñas, empezó los ascensores sobre el escenario empezaron a funcionar y empezó a llover.

― ¡Oh dios, una tormenta! ― Gritaba la patrona. ― ¡Vamos, hay que volver al puerto, antes de que nos devoré! ―

― ¡Sí, patrona! ― Dijeron ellas mientras hacían como si estuvieran haciendo algo. Entonces la voz de Cook volvió a escucharse, mientras se bajaba el telón, con estas palabras:

― Y así es como los animales del fondo del mar evitaron ser la comida de los humanos. ―Decía todo esto, mientras se preparaba todo para la última escena.

Volvemos hacia al fondo del mar, todo está tranquilo pero los animales están tristes, simulan estar llorando, pero el público dudaba si estaban así o se estaban riendo.

― Nuestra reina invocó la tormenta y se sacrificó. ― Decía el tiburón.

― ¿Por qué, reina? ¿Por qué? ― Añadió la almeja dramáticamente.

― Siempre estará en nuestros corazones. ― Comentó el pulpo.

― ¡Jamás te olvidaremos, reina! ― Gritaron la langosta y la gamba. Y con esto, se bajó el telón, con los niños casi al punto de llorar, de risa; después de que los actores pidieran gracias por ver su obra de teatro.

― ¡Hemos terminado, Mao, chicas! ― Les gritaba Josefina, y todas decían lo mismo, que habían terminado. Estaban feliz de terminar aquella obra de teatro y sus gritos de felicidad se escuchaban, mientras su público volvían a sus clases.

― ¡Ha sido horrible, pero en fin…! ― Decía Cook, al ver cómo había quedado su obra.

― No ha sido tan horrible como crees, solo ha sido un poco decente. A los estudiantes les ha gustado. ― Ésta giró la cabeza, sorprendida, al escuchar esas palabras, que eran del mismo hombre que les habló el primer día de ensayo.

― Es vuestra primera vez, así que es normal esto, pero seguir practicando y en un futuro seréis un gran grupo teatral. ― El señor pensaba realmente que las chicas eran parte de una empresa teatral, y con estas palabras se fue, dejando a Cook incapacitada para decirle que estaba equivocado.

FIN

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La radio y el mar: Primera parte, septuagésima primera historia.

 

A las tres de la tarde, Mao se estaba tomando una siesta en su habitación. Jovaka estaba jugando con la consola que habían dejado en el salón, mientras Alsancia y Diana miraban como Clementina estaba haciendo un bizcocho para aprender de ella. Malan estaba leyendo un libro. Leonardo estaba hablando con un viejo cliente, quién había venido a comprar alguna antigüedad. Entonces, es cuando entraron enérgicamente a la casa las gemelas, quienes gritaban hola a todo volumen.

― ¡Qué bien huele! ― Añadió Alex, al llegar al salón y al oler el aroma del bizcocho. Su hermana asintió, mientras olía como un perro:

― ¡Oh, es cierto! ¡Huele tan bien que se abre el apetito! ― Tanto una como la otra se le hacían la boca agua. Entonces, las dos se reafirmaron en la idea de que ir a la casa de Mao era siempre buena, porque tenían siempre deliciosa comida, comparado con la suya, cuyo rácano padre apenas podría pagarlo por las múltiples deudas que tenía y por ingresar dinero a la secta que estaba perteneciendo.

Le preguntaron a Jovaka qué estaban haciendo en la cocina, y ésta las ignoró, estaba bastante concentrada en el juego que se había olvidado del mundo real. Al irse a la cocina, sorprendieron a las tres que estaban ahí y tras saludarlas, les preguntaron dónde estaba la jefa. Al saber la respuesta, sonrieron pícaramente, mientras subían a la habitación de Mao.

Mientras tanto, el durmiente Mao estaba teniendo un sueño muy peculiar.

― Y aquí tienen, señores y señoras, a la nueva miss Shelijonia de este año.  ¡Felicítenla, a esta gran hermosura! ―

Eso gritaba un hombre con esmoquin, cuyo rostro se veía borroso y tenía voz de famoso que parecía familiar a Mao, pero no recordaba de quién. Así mismo, él estaba en medio de un escenario muy colorido, dándole un gran premio a Mao. Éste, sin creerlo, lo recibió boquiabierto, mientras veía a un montón de chicas con bikinis y un variado y extraño público le aplaudían.

― Pero si yo no quería participar. Ni siquiera soy una…― Les replicó Mao, con un rostro lleno de estupefacción. Le interrumpió el presentador, que añadió, con lágrimas en sus ojos:

― Observad la humildad de nuestra participante, es imposible tener a una candidata mejor. ― Y el resto empezó a llorar, como si hubieran visto a un  santo. Mao, que aún seguía sin entender nada, intentó decir algo más.

― Pero si yo…― Y entonces, el lugar se llenó de una luz y Mao abrió los ojos. Era la puerta que estaba abierta y todo lo que vivió fue un sueño muy raro.

― ¿Quién ha dejado la puerta abierta? ― Preguntó a continuación Mao, medio dormido, tapándose los ojos.

Entonces, Mao vio como su concha empezó a elevarse y a tapar un poco la luz de la puerta. Luego, de ahí empezaban a salir intentos de voces de ultratumba:

― ¡Somos fantasmas! ― Le decían estas cosas, mientras se movía de un lado para otro. ― ¡Y te vamos a comer! ―

Fácilmente, comprendió de quién eran esas voces. Se trataba de las gemelas que se escondieron bajo su concha e intentaron asustarlo. Les iba a decir algo, pero no le dio tiempo.

― ¡Hola, Mao! ― Josefa apareció de repente, saludándole animadamente; pero ella solo vio la extraña figura que estaba formado por las gemelas y la concha, y dio un fuerte grito. Todos corrieron al cuarto a ver lo que pasaba, preguntando a gritos, muy asustados; qué ocurría.

― ¿Qué es eso? ― Eso dijeron algunos algo consternados, cuando vieron tal figura. Las gemelas, creyeron que podría ir más lejos con la broma, y empezaron a soltar voces de ultratumba. Mao decidió quitarles la manta de encima y mostrarles a los demás que solo eran ellas.

― Esto no ha tenido gracia. ― Les comentó a las gemelas. Josefina le dio la razón a Mao, y las gemelas empezaron a soltar excusas. El resto se alivió e incluso empezaron a reírse de la situación, algo que reprochó la pobre de Josefa, que tuvo un susto de muerte. Al poco rato, todo seguía igual de tranquilo y normal. El bizcocho había sido terminado y todos estaban comiendo, cuando Leonardo le dijo que había otra visita.

― ¿Aún más? ¡Esto no es un hotel! ― Protestaba Mao. ― ¡Déjalo pasar, sea quien sea! ― Se arrepintió de haberlo dicho, al ver quién había llegado.

― Ho-hola a todas. ― Porque la persona que llegó era Grace Cook, quién al saludar, notó como el ambiente se volvió incómodo y hostil.

Mao escupió el agua que estaba bebiendo, Malan y Jovaka se levantaron de repente, poniendo una posición de combate por si ella intentaba hacer algo malo al chino; Josefina, se puso detrás de Diana, temblando; Clementina y Alsancia no entendía que pasaba y las gemelas pensaban que un terrible enemigo había aparecido y se estaban preparando para el ataque. Cook no sabía qué decir o qué hacer para relajar el ambiente y hacerlas entender que estaba en son de paz.

― ¿Qué quieres? ―Le preguntó muy serio Mao a Cook. Esas palabras algo desagradables le hicieron pensar si era mejor irse y no pedirle el favor, pero ya que estaba ahí ya no tenía más remedio.

Ella se acercó y dejó en la mesa un libro de cuadernos. Todos se quedaron en blanco, mientras leían eso.

― ¿Qué es esto? ― Le preguntó Mao.

― Una obra de teatro. ― Eso le respondió Cook, y todos seguían igual de confundidos. Al final, se dio cuenta de que debía ser directa.

― Quiero que tú y tus amigas representen una obra una teatro. ― Y con estas palabras se desató el caos.

― ¿En serio? ¿De verdad? ¡Qué sea Julieta y Romeo! ¡Qué sea Julieta y Romeo! ― Eso decía Josefina, rezando para que eso pasase. Según ella, representar esa obra es una experiencia única para una chica.

― Yo haré de Romeo y Mao de Julieta. ― Replicó Jovaka, fantaseando.

― No hay nadie mejor que yo para representar el papel de Romeo. ― Añadió Malan, quién creía que tenía un gran talento teatral, al escuchar las palabras de Jovaka. También fantaseaba porque Mao fuera su Julieta.

Incluso Alsancia, utilizando el lenguaje de los signos, tímidamente; dijo qué quería participar de Romeo, para sentirse como alguien capaz de luchar por su amor y contra las convicciones sociales.

Al ver que todas se querían pelear por el papel, Josefina decidió que, para evitar rivalidades, decidió dejarlo todo a suerte:

― ¡Vamos a jugar a tijeras, papel y piedra para determinar cuál hace de Romeo! ―

― ¡No vale! ¡No hay gemelas en Romeo y Julieta! ― Protestaron las gemelas, quiénes deseaban un papel a su medida.

― ¿Por qué tengo que ser yo Julieta? ― Protestó Mao, quién no entendía por qué todas querían que él fuera la protagonista femenina.

Y así Malan empezó a presumir de sus artes escénicas, y Jovaka se burlaba de aquella habilidad. Josefina defendía a la africana, insultando a la serbia y ésta la replicaba. Las gemelas y Diana metían más cizaña al fuego por pura diversión, mientras Clementina y Alsancia intentaba parar la pelea verbal. Cook, que quería explicarles que estaban equivocadas, intentó tranquilizarlas; pero no podrían. Al final, Mao tuvo que intervenir:

― ¡Callaos ya! ¡Qué la loca esta aún no ha dicho nada! ― Gritó Mao, como si fuera un general y todas se callaron y se pusieron en su sitio. Le dijo a Grace que lo explicará y, aunque estaba molesta por llamarla loca, lo hizo.

― No es Romeo y Julieta, por favor. Nuestro público son niños de primaria, y esa obra está llena de muerte y los protagonistas tienen graves problemas mentales. Y lo que vamos a representar es una original, creada por mí. ―

Esto último que dijo, lo mostró con gran orgullo y satisfacción, mientras se ponían bien las gafas con una sonrisa. Los demás, al oír eso, temieron que fuera algo estúpido.

La historia trataba de una radio de dos pescadores que cayó al río y llegó al mar. En lo más fondo del océano, los peces lo encuentran y, al ver que su música lo salvan de un tiburón, lo hicieron su rey y formaron un reino. Todos los días, hipnotizados por su música, bailaban sin parar, hasta que un buen día llegan unos marineros a arrastrarlo todo con sus redes e imploran a su majestad para que le salven. Se pone el canal de música clásica y desata una tormenta que hunde el barco y sus tripulantes mueren, terminando así la historia. Todas al leer al argumento, miraban muy mal a la obra de Cook, quién protestó contra esas miradas.

 

― ¡Qué tampoco quiero crear la obra del siglo! ¡No tienes pretensiones morales ni nada parecido, solo quiere divertir a su público! ¡Y realmente estoy pensando en cambiar el final! ¡Matar a los pescadores y de esa forma es muy desagradable! ¡Y no voy a cambiar de obra, porque no se puede! ―

A pesar de que la obra les parecía muy ridícula, aceptaron rápidamente y le decidieron hacer el favor, aunque Mao le preguntó por qué recurrió a él y a sus amigas. Esta fue su respuesta:

― ¡Pues porque todas las de mi clase no quieren hacerlo y la hermandad apenas tiene gente para cubrirlo ahora! ―

Le pidieron a Cook que siguiera la vieja tradición de su prestigioso instituto a dedicarle una obra de teatro a los primeros de Primaria, pero nadie de su clase quiso. Pero esa era su excusa, porque sus verdaderas intenciones para pedirles el favor era para acercarse a Mao, después del mal comienzo que tuvieron. Sonrió siniestramente, al ver que estaba funcionando como ella pensaba, tras responderle. El chino ignoró aquella expresión, a pesar del escalofrió que le dio.

Al día siguiente, les llevó a todos el lugar dónde iban a ensayar y en el cuál iban a actuar:

― ¡Increíble, esto es tan gigante como una universidad! ― Comentó Mao, realmente boquiabierto; cuando vio el instituto de Grace Cook, el San Jorge de Capadocia.

Con cientos de metros cuadrados dedicados a todo tipo de instalaciones deportivas, desde el atletismo hasta el futbol americano; llegando al punto de tener un jardín botánico; era una enorme institución educativa, que era parvulario, escuela e instituto, todo a la vez. Por supuesto, todo esto no era gratis, era la más cara de toda Shelijonia, y por la cual iba lo más selecto de todo el norte de la isla, e incluso tenía apartamentos para alumnos que venían de otros estados o países. Sus edificios, de clara inspiración de arte ruso, y la magnitud del lugar sorprendieron a todas.

― ¡Se nota que esto es un lugar para ricos! ― Decía Alex, una de las gemelas.

― ¡Esto es demasiado para nuestros ojos plebeyos! ― Añadió su hermana Sanae. Era demasiado deslumbrante para las dos, que estaban en el umbral de la pobreza.

Grace, quién ya estaba acostumbrada al lugar, se quedaba sorprendida ante el comportamiento del grupo, que veían con gran asombro cómo era el sitio dónde ella estudiaba. Se decía que no era para tanto. Luego, ella se acercó a Mao para preguntarle algo que llevaba rato en su cabeza:

― ¿Quién es esa? ― Le preguntaba señalando a alguien del grupo, una chica que llevaba una camiseta con un kanji que significaba algo insultante y que estaba con la cámara de fotos, diciéndole a Mao que la mirara hacia ella y sacará su mejor sonrisa. No le dio tiempo a mostrarlo, porque le hizo una y el flash casi lo dejo ciego. Al ver como Josefina, las gemelas y Diana le pedían a la mujer que le sacaran las fotos, se lo dijo a Cook:

― Es otra loca que no me deja en paz, dice que me buscó por todo el verano, y no sé por qué, y viene cada ciertos días a molestar, se llama Candy o algo así. ―

Cook respondió incómodamente que vale y luego vio cómo aquella chica, empezó a molestarla, pidiéndole que pusiera un gran sonrisa, mientras le sacaba una foto.

― Al parecer, no ha salido muy bien. Vamos a intentar con otro. ― Decía Candy, mientras le enseñaba la foto. Después de comprobar que tenía una mirada de psicópata, le dijo que no quería hacerse más fotos y le preguntó a Mao por qué la trajo:

― Ella cuando se entero me dijo que nos iba a ayudar, con los trajes y todo eso. Mientras nos sirva de ayuda, todo irá bien. ― La respuesta de Mao no la tranquilizó, porque sentía que esa mujer iba a ser muy pesada, ya que no le dejaba de implorar que le hiciera más fotos.

Y al llegar al teatro del recinto, se quedaron igual de asombrados cuando entraron en el lugar. La sala parecía el interior del Palacio Garnier de Paris, y en cierta forma, lo imitaba. Mientras las más adultas miraban sin parar lo lujoso que era el sitio, las más jóvenes empezaron a subirse al escenario.

― Aquí es dónde va a ser nuestro debut. ― Decía Josefina mientras tocaba la madera del escenario.

― Daremos lo mejor de nosotras para que las Bullying girls lleguen a lo más alto. ― Sentenciaban las gemelas.

― No tienen remedio. ― Comentó alegremente Malan, al observar que aquellas dos seguían creyendo que eran un grupo de chicas delincuentes.

― ¿Qué hacen todas estas niñas aquí? ― Entonces, un anciano apareció por detrás del escenario sorprendiendo a todos, provocando algunos gritos innecesarios. Era alguien importante de la institución, al parecer, y eso lo sabía Grace Cook, quién se acercó para decirle algo.

― Estas chicas son las que van a presentar la obra de teatro que disfrutarán todos los niños de nuestra escuela. ―Eso le dijo, esperando que no les echará o algo parecido.

― Ninguna de estas niñas me suena. ― Eso lo decía el viejo, mientras las miraba fijamente. ― ¿Son de aquí? ― Grace temió decirle algo, no quería que las echasen para afuera por no ser gente de la escuela. El viejo, por su parte, esperaba que las participantes fueran simples chicas de las clases de bachillerato, como todos los años.

― No importa, supongo que son un nuevo grupo de teatro que busca un lugar para hacer su trabajo desesperadamente. ― Ninguna regla decía que tenía que ser alumnas, así que decidió hacer lo que Cook hiciese la gana, después de todo, confiaban en ella. Con esto dicho se quitó del medio para ver un programa de ballet que esperaba con impaciencia.

― ¿Qué fue eso? ― Preguntó Mao, al ver con la rapidez había aparecido y desaparecido el anciano.

― ¡Eso no importa! ― Le decía Grace. ― Ahora vamos a comenzar nuestra primera práctica. ― Y con esto dicho, comenzó el duro camino que resultaría practicar la obra.

FIN DE LA PRIMERA PARTE

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